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Just-a-tornado

Dunas del 7 de agosto de 2019, Canarias

Las olas de canela se elevan encima de tu cabeza. Parece que no, pero sí se mueven a su propio ritmo, al compás de las palabras que susurraron antiguos filósofos en lenguas que ya nadie recuerda. Ojalá lo hicieran más rápido. 

El viento trasporta los granos poco a poco y si decides echarte una merecida siesta tras andar en el desierto por horas, tienes que tener cuidado. Si cierras los ojos mucho tiempo, las dunas seguirán su camino y no cambiarán de destino porque ya haya ahí un misero mortal y serás enterrado sin contemplaciones. 
Serás el peluche atrapado entre las sábanas por un niño que acaba de aprender a hacer la cama. Tu dueño llorará tu ausencia, sin ocurrírsele mirar en uno de los múltiples bultos que pueblan la superficie de algodón.

Las sábanas huelen a arena y el desierto se vuelve blanco con el reflejo de las estrellas. Cae la noche y tu boca se llena del sabor del Sahara, no estás despierta pero abres los ojos. Entre los granos destaca una rosa del desierto y entre sus pétalos cae un almíbar que envenena tus pensamientos. Metes la mano dentro y su cáliz se cierra, eres arrastrado al fondo. Sientes que te hundes y escapas a la vez de la arena en una explosión dorada que replica la fabricación de las monedas.

Has llegado al mundo amarillo, donde el frío no existe y la vida es un espejismo que la sed te impide desentrañar. Entre suspiros sonríes y de tus comisuras asoma un escorpión que te hace un piercing con el aguijón. Sonríes, que cómodo estás. 

Duérmete, ven a visitarnos.

Publicado la semana 20. 11/05/2020
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