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Just-a-tornado

Yo soy mi ventana indiscreta

Me miro por la ventana. Me asusto, pero vuelvo a fijar mi atención en esos ojos verdes que jamás he visto de esta manera.

Desde mi ventana indiscreta contemplo una oteadora con mi misma cara que parece interesada en ser descubierta. No parecía estar escondiéndose, una taza en la mano mientras disfruta del sol que impacta en sus gafas de sol estratégicamente colocadas. Descarto la posibilidad de un espejo o un holograma, sería una broma demasiado elaborada colocar una superficie reflectante tan lejos o un artefacto de tal valor.

Me saluda entusiasmada y me contengo para no llamarle por mi nombre a la vez que grita un piano desesperado en un balcón contiguo. Ella tiene un rubor enamorado en las pupilas y en sus mejillas se lee la buena vida. Parece mi mejor versión y entre gestos me muestra la felicidad que esconde su pecho.

Quiero tocarla, seguro que si nuestras pieles colapsaran, descubriría los secretos de su éxito y podría robarle la vida de ensueño de la que parece disfrutar. Me subo encima de mi escritorio mientras estiro la mano, por un segundo su ventana se acerca a la mía y sus comisuras se separan, creando un hueco que da cabida a mi esperanza. Lo conseguiré si me alargo un poco más, acercándome a mí misma en un abrazo mortal.

Mi cuento de la lechera me nubla el juicio y yo soy el cántaro de leche que se precipita desde mi ventana por estar jugando con sueños enemigos de la realidad. Ella contempla mi caída, que es su caída, desde su posición de oteadora sin intervenir. Sigue con la mirada mi carrera para fusionarme con la tierra y me anima para que no me rinda antes de la meta. No me puedo culpar a mí misma, es todo culpa de ella.

Saca un cuaderno y apunta una raya más en su lista mientras me advierte: "Ya van siete, gata".

Publicado la semana 17. 22/04/2020
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Bajo el sonido de la lluvia , El deseo expreso de una amiga , por la tarde
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Relato
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