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Just-a-tornado

Los paraguas no dominarán el diluvio

Ya han llovido todas las estrellas. El cielo se ha quedado vacío y el viento intenta ocupar el hueco generando corrientes que cran una liga de superhéroes contra los paraguas. El agua toca la batería y el suelo pide una orden de alejamiento pero todos los jueces tienen pulmonía. Entre las calles recién sacadas de la lavadora pasea una niña pequeña. Solo la parte de abajo de su nariz está seca y lanza palabras húmedas al frío llorar de esa noche de diciembre. Sin embargo, las letras empapadas pesan demasiado y el mensaje no llega muy lejos.
—¡Abuela, abuela...!—cree oir una nube despistada.
Esta transportista de agua acaba de sufrir un divorcio y siente como si todas sus partes se alejaran unas de otras con la separación. Y lo hacen. Literalmente.
Las pequeñas perlas que la componían son robadas por los astutos paraguas que alardean de sus joyas relucientes encima de su lisa piel. Son bandidos de la noche, nunca se les ve llegar y de repente pueblan las aceras. Son como las setas en esencia y en aspecto ya que parecen estar por todas partes y sin embargo, cuando de verdad los necesitas, paragüero tan vacío como vientre infértil.
Esa viejecita perdida desapareció de la vista de su adorada nieta al quedarse embobada viendo la mítica pelea entre el aire enfurecido y el paraguas metamorfoseable. El trozo de plástico parecía moldearse a merced de los golpes de su invisible enemigo y a pesar de ello, su sonrisa de punta a punta establecía quién era el ganador.
Una arruga con estilo se sienta en un escalón que chorrea. No se acuerda de porque había salido de su casa, no se acuerda de lo que siginica casa, no sabe que alguien la busca. Quiere saber a que saben las perlas contra su lengua y abre la boca cual pajarillo esperando gusano. Se moja la parte de abajo de la nariz y en lugar de bigote crece un río que le marca como propiedad del cielo, ya recuerda lo que siginifica hogar.
Su nieta, carne de su carne y sangre de su sangre, le espera seca en el sofá de su casa. Esa diferencia de humedad entre ellas las separa y la niña mira por la ventana a la espera de que un paraguas la traiga de vuelta.
Por esta vez la lluvia ha vencido y el diluvio hundirá un par de arcas más. Las migas para encontrar el camino de vuelta a casa las tiró Gretel por la alcantarilla para alimentar a cierto payaso ahogado.

Publicado la semana 13. 24/03/2020
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