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José A. Guerrero

Relatos del Nexo: Último adiós

Zaira, con su hijo recién nacido en brazos, miraba el cielo estrellado bajo el porche de la modesta casa en la que vivía con Veriuz Safaro hace poco más de un año. Desde hace mucho tiempo que se había olvidado de todos los lujos que llegó a tener en Zindalia, cuando era la princesa heredera de aquel reino Dorado. Ahora solo se preocupaba por ser feliz con las pequeñas cosas que podía ofrecerle una vida en el exilio junto a su amado.

―Hay una linda luna llena, mi amor ―le dijo al bebé que llevaba arropado entre unas cuantas mantas que habían comprado en Kerennalia, la ciudad portuaria que estaba más próxima al sitio en el que decidieron asentarse para vivir en paz en las Tierras del Ocaso, totalmente ajenos a la guerra que se llevaba adelante entre Rojos y Dorados mucho más al oeste del continente en el que estaban―. ¿Crees que debería ponerte algún nombre relacionado a la luna? ―se mantuvo muy meditativa mientras analizaba todas las variantes de nombres que podría otorgarle al niño, cuando oyó unas presurosas pisadas que provocaron que despertara de su ensimismamiento―. ¿Veriuz?

―Hay que salir de aquí ahora mismo, Zaira. Vamos, entra a la casa…

―¿De qué hablas? ―preguntó sumamente preocupada.

―Solo entra a la casa ―volteó a ver un resplandor acercándose por el camino que acababa de utilizar y la tomó del brazo con cuidado para guiarla lo más rápido que podía.

―Dime qué está pasando, por favor…

―Vinieron por mí. Cuando estuve buscando semillas para preparar la siembra de nuestros cultivos, me enteré de que a la ciudad llegó un escuadrón de Dorados que estaban realizando una parada por no sé qué estrategia para atacar las líneas enemigas desde un flanco en el que no se los esperaran. Allí me vieron… ―volvió a dirigir su mirada al otro lado de la ventana, y al darse cuenta que los soldados que llevaban antorchas estaban cada vez más próximos a la casa, comenzó a empujar los muebles que encontraba cerca para tapar la puerta y las ventanas que daban con el porche de entrada―. Usa la trampilla.

―Por supuesto… ―dijo Zaira mientras hacía su mejor esfuerzo al cargar a su hijo e intentar mover la alfombra deshilachada que ocultaba el pasadizo que los llevaba unos cuantos metros por debajo de la tierra, hasta un acantilado―. Vendrás conmigo, ¿no?

―Debo ocultar nuevamente la trampilla, o no llegarás muy lejos.

―No, por favor, Veriuz, llegaremos lejos, te lo prometo, pero no me dejes sola.

―No hay otra alternativa, Zaira ―le acarició la mejilla, le enjugó una lágrima que se iba resbalando por allí, y la beso con pasión mientras contenía el llanto―. Nunca amé a nadie como a ti te amo, pero desde aquí nuestros caminos se separan. Te encargo que cuides mucho a nuestro hijo, ¿sí?

―Por favor, Veriuz, tenemos tiempo de huir juntos…

―Alguien tiene que distraerlos, y no estoy seguro que sepan de ti y el bebé, así que debes apresurarte, por favor, ellos ya…

―¡Sabemos que te ocultas ahí, Rojo! ―rugió un Dorado ni bien embistió la puerta sin conseguir abrirla, dado que una pesada mesa de roble la mantenía firme―. ¡Afronta tu destino como el que le deparan a los que son como tú, escoria demoníaca!

―Rápido, Zaira, por favor…

―Te amo ―le dio un último beso y comenzó a descender las escaleras con cuidado mientras sujetaba en una de sus manos al bebé que tenía menos de una semana con vida.

―Adiós… ―con mucho dolor por saber que probablemente sería la última vez que viera con vida a las dos personas que más amaba en el Nexo, cerró la trampilla y le puso encima la alfombra que antes la ocultaba.

Lo último que Zaira oyó, fue cómo los cristales de las ventanas se partían, y la puerta recibía unos cuantos golpes más, que finalmente hicieron ceder a la mesa que la obstruía. Cuando tuvo la sensación de oír los bramido de satisfacción de los soldados Dorados, supo que ya habían entrado, pero decidió no permanecer allí ni un segundo más sabiendo cuál era el final que le deparaba a Veriuz, así que con los ojos anegados de lágrimas, comenzó a correr por el pasadizo que le permitiría seguir viviendo en libertad y en compañía de su hijo, al menos un día más.

Publicado la semana 7. 10/02/2020
Etiquetas
Fantasía , En cualquier momento
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Relato
Año
I
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