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José A. Guerrero

Las cenizas de mi vida. Cap. IV

Aclaración: Todos los fragmentos de Las cenizas de mi vida forman parte de lo que alguna vez escribió Laynna Rhioren, maestra fundadora del gremio de magos Cenizas de Fénix. De un primer momento tuvo la intención de dejar plasmados con tinta sus conocimientos en una de las ramas de la magia elemental para la que tenía afinidad, sin embargo no pudo evitar escribir sobre gran parte de sus afectos.

 

Los días de viaje se volvieron monótonos y un poco aburridos, pero eso cambió radicalmente cuando llegamos a un cruce en el que varios caminos llevaban al este, hacia las pequeñas aldeas pesqueras que había en Shivalssar. A las cuales se les otorga el nombre de Urshofen’ish, que traducido en la lengua común significa las Septillizas, justamente porque son siete aldeas. Del camino que llevaba más al sureste, nos topamos con una caravana de carromatos llena de annems, gnomos, elfos y humanos de pieles morenas, aceitunadas con variedades cobrizas o broncíneas, e incluso pálidas. Los que tenían una tez clara, sin lugar a dudas provenían de Rekkan, ya que si eran de Lassiev y se encontraban en la frontera entre Shivalssar y Amunrrath, serían tomados prisioneros para un posible intercambio de rehenes, y si nadie llegaba a quererlos ni estaba dispuesto a dar una estrella de cobre por ellos, iban directo al hacha del verdugo.

Me imagino que se estarán preguntando, ¿de qué iba todo eso de la caravana de carromatos multirraciales? Verán, un grupo de artesanos y artistas de distintas zonas de Lutheia se dispusieron a crear una organización llamada Arte Arbóreo y Crepuscular, con la que buscaban ganar fama en la especialidad que tuvieran sin la necesidad de hallar un mecenas con el que claramente se les simplificaría la vida. Resulta que todos estos artesanos y artistas que llegaron al cruce, emprendieron viaje hacia el sur para asistir a un evento que solo ocurre en Amunrrath en invierno: la Danza del Escorpión. Stuart ya nos había hablado de ella cuando estuvimos en Grashunnia, era un lugar al que tenía pensado ir desde mucho antes de unirse a nuestro grupo, porque se celebraba en Lharjahali, la capital de Amunrrath, que estaba muy lejos de la frontera más sureña del Reino del Desierto, lo cual significaba que hipotéticamente hablando, las probabilidades de que los resquemores de la guerra llegaran hasta allí eran muy bajas, así que no temía ir junto a Steffanía para ganarse la vida con esos mecanismos gnómicos que empleaba para jugar a las cartas.

Los artistas y artesanos con los que nos contactamos en el cruce tenían el mismo rumbo que nosotros, así que dejamos de ir a pie para poder abordar los carromatos que tan gentilmente nos ofrecieron para que Steffanía fuera más abrigada. Nunca fui muy a fin al arte, nunca me interesó nada de nada, seguramente fue porque en mi infancia no tuve cerca a gente que lo expresara o que me enseñara para que yo pudiera nutrirme de conocimientos, así que no estuve para nada entusiasmada con la idea de viajar con ellos. Aunque yo era la única que tenía esa opinión, Nashyra estaba fascinada con todo lo que veía, a Zandro lo deslumbraban los acróbatas, mientras que Stuart tenía cierta debilidad por las bailarinas que movían las caderas de una forma poco común. En una ocasión en la que acampamos a un lado del camino del Rey, a pocos metros de la frontera que separaba Shivalssar de Amunrrath, las señoritas que sabían mover sus caderas intentaron enseñarme a Nashyra y a mí. Por supuesto que yo me negué, aunque mi pupila lo hizo bastante bien y se llevó una fuerte ovación, que hizo que se ruborizara tanto que se metió en el carromato junto a Steffanía y no salió en todo el día siguiente.

Cuando cruzamos la frontera me sorprendí muchísimo por la geografía del lugar, el suelo de tierra con poca hierba plateada en el que se evidenciaban muchos minerales cristalinos a los que la gente solía confundir con «shalys», fue quedando atrás al igual que los vastos bosques de pinos dorados y los acebos de cristal. Todo lo que comenzaba a ser parte de Amunrrath, era arenoso y tenía una notoria variedad de colores que iba desde el blancuzco, al plateado y finalmente al rubio oscuro o cobrizo. La vegetación que nos sorprendió muy gratamente fue la que abundaba en los manantiales que había muy al norte y otorgaban un buen reparo contra el incesante sol que pese a ser invierno, era difícil de tolerar. Si son amunrrathianos de seguro se estarán burlando de mi baja tolerancia al sol que hay en su reino, pero si no lo son, sepan que por un motivo u otro, Amunrrath es el lugar más caluroso que puede haber en todo Lutheia. Se encuentra en una de las zonas más centro-orientales de Turanbhar y ni siquiera abarca la anchura del continente, pero aun así, no se registran temperaturas similares yendo hacia el oeste, o adentrándose en el mar que hay más al este. Tengo entendido que hay una leyenda en la que unos vakuris que quisieron adorar a ese Dios del Caos y la Destrucción llamado Jharikus, se instalaron en el territorio desértico que en la Era Antigua no era conocido por ningún nombre, y lucharon contra annems y enanos para poder prevalecer allí, dado que los oriundos de Shivalssar y Bharandûr empleaban el sitio en el que ellos quisieron vivir pacíficamente como un campo de batalla. Muchas historias hacen referencia a que estos vakuris conocidos como los jurpións, tenían el aspecto de un escorpión gigante del cual emergía el torso de un humanoide con una piel escamosa que poseía dos brazos en el que se hallaban las tenazas características de uno de esos bichos del desierto comunes y corrientes. Al parecer, el descontento de Maixa porque los jurpións adoraran a Jharikus en busca de su bendición para salir airosos en las batallas que vivía constantemente, provocó su ira de tal forma, que hizo que el sol se volviera abrasador solo en la región desértica que ellos habitaban. Según dicen, estos vakuris con un aspecto totalmente desagradable y hasta temible, perecieron hasta que no quedó ni uno con vida, espero que sea cierto, porque la verdad es que no quisiera cruzarme a ninguno con vida.

Algo que no dejaba de sorprenderme nunca, era la cantidad de manantiales que había por todas partes, también hay una historia para ello, creo que está implicada Tionne, nuestra queridísima Diosa del Agua. No la sé con lujo de detalle, así que tendrán que conformarse con que les diga que al parecer, a Tionne le daba pena que muchos de los annems y enanos que guerreaban en el desierto y quedaban heridos y desamparados, sufrían una muerte horrible por la deshidratación y por culpa del sol abrasador que su madre había dejado brillando en el firmamento con tanta intensidad. Por esa razón nuestra piadosa Tionne, con ese corazón que tenía, creó una plaga de manantiales por cada una de las batallas que llegaron a librarse. Muchos dicen que fueron miles, así que por esa razón se dice que en Amunrrath hay más de mil manantiales que son inagotables por haber sido creados por la mismísima Diosa del Agua. En cierta forma me resulta inaudito que a Amunrrath no se lo conozca como el Reino de los Manantiales, pero ¿qué le voy a hacer? A los oriundos de dichas tierras prefieren que se los conozca como el Reino del Desierto vaya uno a saber por qué, ¿no? Quiero decir, entiendo que el desierto más grande del mundo abarca las tierras que actualmente le pertenecen a Amunrrath y una parte de las que Lassiev se apropió hace añares cuando combatió codo a codo con los enanos para abrirse paso en Turanbhar y hacerse con tierras para expandirse, pero no por ello hay que menospreciar la obra de Tionne en ese vasto desierto conocido desde la mismísima Era Antigua como Ilkkajhishtan, por el lado de los annems, y como Gûlkkassûd por el lado de los enanos. No es de extrañar que al desierto que abarca aquella zona de Turanbhar se lo conozca como el Desierto de los Dos Nombres, la razón es demasiado obvia ya habiéndoles explicado sus variantes según qué tan al norte o al sur te encuentres del Continente de la Guerra Interminable.

Tras un par de días de viaje llegamos a Lharjahali atravesando los caminos pedregosos que fueron abiertos por el rey de Amunrrath hace más de un milenio. Está claro que una vez habiendo afianzado su posición en el desierto y con la amistad de los annems, los amunrrathianos lograron prosperar explotando en el centro y norte del territorio, las minas llenas de metales sumamente preciados y de minerales líquidos que son empleados en trabajos de alquimia, artificio o ingeniería. El paisaje de la ciudad capital del Reino del Desierto no era tan árido como lo que me esperaba encontrar, había muchos árboles y arbustos que se arraigaban a la arena como si se tratara de tierra fértil. Levanté la oreja para oír una conversación ajena mientras acunaba a Steffanía en brazos y le cantaban muy suavecito una canción que una vez oí a una madre cantarle a su hija y que siempre me gustó, «sí muchacho ―fue lo que le dijo a Zandro un hombre de piel cobriza con acento amunrrathiano al hablar la lengua común― todas las plantas que veas en la ciudad tienen un fertilizante alquímico que le permiten crecer fuertes y resistir al sol y la sequía». La curiosidad de Zandro fue lo que me hizo darme cuenta que en Amunrrath, lo único que era auténticamente natural, eran los manantiales que la Diosa del Agua creó por los motivos que ya les comenté anteriormente. Al parecer toda la vegetación que se erguía en Lharjahali era de procedencia alquímica, aunque no por eso resultaba menos encantadora. Las distintas tonalidades de verde de las plantas de otras partes de Lutheia aclimatadas al desierto y el autóctono color granate de las hojas de los «jhiecanhas», eran lo que desentonaban de los colores pálidos de las viviendas de los amunrrathianos de baja cuna, o de las pirámides doradas de los nobles de alta alcurnia.

Debo decirles que la caravana de Arte Arbóreo y Crepuscular tuvo un recibimiento esplendoroso por parte de todos los amunrrathianos que salieron a las calles de piedra desgastada, casi como si los ovacionaran solo por la mera cortesía de darles la bienvenida. Poco después me enteré que los encargados de difundir los eventos en la ciudad capital habían dado aviso a todos los ciudadanos que la organización de artistas y artesanos le enseñaría a la población el significado del arte y todas sus variantes.

Publicado la semana 43. 20/10/2020
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Fantasía , En cualquier momento
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