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José A. Guerrero

Las cenizas de mi vida. Cap. III

Aclaración: Todos los fragmentos de Las cenizas de mi vida forman parte de lo que alguna vez escribió Laynna Rhioren, maestra fundadora del gremio de magos Cenizas de Fénix. De un primer momento tuvo la intención de dejar plasmados con tinta sus conocimientos en una de las ramas de la magia elemental para la que tenía afinidad, sin embargo no pudo evitar escribir sobre gran parte de sus afectos.

 

Hay muchas cosas que uno no logra descifrar en la vida; el amor, la muerte y la magia son algunas de ellas. Nunca hubiese imaginado que haber encontrado a Nashyra y a Zandro me hubiera cambiado la vida como me la cambió. Nos volvimos inseparables, siempre vagabundeando juntos de un lugar a otro, evitando Immirkhan, o de lo contrario pudimos habernos topado con soldados que quisieran llevarse a Zandro. Por ser la mayor del grupo me volví como una especie de matriarca, aunque no crean que soy tan estricta como eso suena, podría decirse que mis dos «pupilos», por llamarlos de alguna manera, tuvieron todo tipo de libertades. Cuando hay mucho tiempo de convivencia siempre ocurren conflictos, pero se sorprenderían al oír que los que nosotros teníamos por lo general eran para elegir en qué posada detenernos o, cuando no teníamos dinero suficiente para ir a una, escoger qué clase de alimento debíamos comprar en los mercados para llenarnos el estómago era nuestro principal incordio. Sobre todo porque Nashyra era muy quisquillosa con la comida, estaba acostumbrada a alimentarse de todas las exquisiteces que según ella, su hermano Crishtian se encargaba de hacer en Pinar Dorado. Zandro se parecía bastante a mí, comía lo que sea que le pusieras en el plato, daba igual que estuviera carbonizado, seco, crudo, oliera feo o se moviera, si la tripa rugía había que alimentarla con lo que sea que encontráramos. Recuerdo que en una ocasión, cuando estuvimos dando vueltas por el norte de Shivalssar, muy lejos de la guerra que había en la frontera sur de dicho reino, nos encontramos en el dilema de comer insectos o plantas. Llegamos a aquella situación porque a Nashyra se le antojó ir a explorar una zona despoblada que, según ella, era muy transitada en otros tiempos por los magos de la Tormenta. Al parecer el bichito de la curiosidad la había picado a ella y su efecto fue tan contagioso que tanto a Zandro como a mí nos convenció de que debíamos ir allí. Según Nashyra, el lugar era conocido como la Brecha de los Remolinos, que en el idioma de los annems era algo así como Ishyn’valari. Vale aclarar que en estos momentos no tengo a Nashyra o a Tommen cerca como para consultarle respecto a mi domino de los idiomas; si se preguntan quién es Tommen, tengan por seguro que más adelante se los diré, solo que todavía no llegó su momento. La cuestión es que en la Brecha de los Remolinos no encontramos en una encrucijada, que era quedarnos en el medio de la nada rodeados de ventiscas que le daban vida a pequeños remolinos que eran casi inofensivos, seguir abriéndonos camino hacia el oeste, sin saber a dónde llegaríamos, o volver por donde habíamos ido y toparnos con nubes negras que presentaban arañas relampagueantes que las iluminaba súbitamente. No me tomen por miedosa ni nada por el estilo, si hubiese estado sola, me las hubiese ingeniado para regresar por donde habíamos llegado hasta allí, pero teniendo bajo mi cuidado a dos personas más, no me atrevía por miedo a que llegara a pasarles algo. Además deben estar al tanto de que las tormentas que hay en Shivalssar son mucho más peligrosas que las que pueden encontrarse en cualquier otra parte de Lutheia, no es casualidad que los magos de la Tormenta hayan tenido su base en la zona norteña del reino de los annems. Como decía, teníamos que tomar una decisión, así que elegimos resguardarnos en una caverna que encontramos deshabitada, nos las ingeniamos para cortar unas cuantas ramas de árboles e iniciamos un fuego, cortesía de mi hechizo «flama viviente». Antes de hacerlo, quise comprobar cuáles eran las habilidades que podían llegar a tener mis dos pupilos en lo que respecta a técnicas de supervivencia, así que les pedí que intentaran iniciar un fuego sin la intromisión de mi mana, el resultado fue muy desalentador. Queriendo encender un poco de yesca con ramitas secas a través de la fricción, Nashyra se lastimó una mano, mientras que a Zandro le salieron callos en ambas palmas por las veces que se pasó golpeando piedras, de las que creía que se trataba de unas hacedoras de fuego, pero claramente no lo eran.

Cuando las tormentas siguieron su curso, encontramos el camino de regreso que llevaba a Shasatt, una ciudad pequeñita a la que difícilmente puede catalogársela como tal. Si alguna vez piensan en un recorrido turístico por Shivalssar, solo puedo decirles que no se pierden de nada si omiten Shasatt y la Brecha de los Remolinos, bueno… a menos claro que quieran vivir una fase de supervivencia como me ocurrió a mí y a mis pupilos. No quisiera demorarme demasiado tiempo más en contarle que yendo hacia el sur, más exactamente a Norotresh, la famosísima capital de Shivalssar, nos topamos con un par de desafíos en los que ganamos un poco de experiencia trabajando en equipo y una buena suma de cuernos de oro. Por si no comprendieron qué son los cuernos de oro, quisiera aclararles que se trata de la moneda que se acuña y que tiene mayor valor en el reino de los annems. Su aspecto es medio redondeando y sobresalen un par de intersecciones puntiagudas que siguen el patrón justamente de un par de cuernos rectos que habitualmente sobresalen con esa forma de la cabeza de la mayoría de los annems. En lo que respecta a las demás monedas que se acuñan en Shivalssar, digamos que las de plata y las de cobre tienen el mismo formato universal de las que se puede hallar en Lutheia, que son coronas y estrellas respectivamente.

Fue en Norotresh donde me adentré en la biblioteca de la ciudad para echar una ojeada en los grimorios que tuvieran relación con el elementalismo con fuego, solo que para mi desgracia, la mayoría seguía sin traducir a la lengua común. Busqué un escriba que sea bilingüe y le ofrecí una buena suma de cuernos para que me hiciera lo que yo tanto deseaba. Aquí viene el temilla principal del que quería hablarles: unos cuantos magos annems que llegaron a descubrir que eran elementalistas, hicieron una descripción detallada de hechizos que todavía no había aprendido. Es irónico que habiendo pasado tanto tiempo en la ciudad capital de la magia, haya encontrado nuevos conocimientos en otra ciudad, por más que sea de las más importantes de Lutheia.

A lo que quería llegar con toda aquella introducción, es al siguiente hechizo que quería enseñarles, yo lo llamo «bola de fuego». No creo que haga falta una explicación detallada de qué hace exactamente, así que iré directo a la cuestión teórica de esta lección para que puedan comenzar con la parte práctica cuanto antes. Es bueno que sepan que como todo buen hechizo de elementalismo con fuego, dos de las nueve runas que lo conforman tienen afinidad elemental. La que ustedes ya han visto anteriormente y que se seguirá repitiendo constantemente, es la runa «fyr», mientras la segunda a la cual yo hago mención, es ni más ni menos que la runa «ree». Las demás pueden verlas a continuación con su simbología correspondiente y su nombre debajo.

Nada tiene que ver esto que voy a contarles con parte de lo que vinimos viendo hasta ahora en el elementalismo con fuego, pero como yo soy la que escribe este grimorio, me da igual su opinión y de todos modos lo contaré. Junto a Nashyra y Zandro pasamos un par de semanas en Shivalssar, yo estaba fascinada con todo lo que venía aprendiendo, pero mi aprendizaje se vio interrumpido por un pequeño chispazo de pasión que tuve con un nativo de aquel reino tan vasto y majestuoso. Sí, me enamoré de quien no debía, un mujeriego con una apariencia muy agradable a la vista y un cuerpo atlético muy apetecible, solo aquello bastaba para seducir, pero el muy bastardo llegó a engatusarme con palabras bonitas. En unos pocos días me di cuenta que jamás había amado como en aquel invierno, supuse que echaría raíces en el continente de los annems y que no demasiado tiempo después tendría a mis primeros hijos con los mismos bonitos cuernos curvos de quien sería su progenitor. Nunca estuve tan equivocada. El amor duele mucho, más sabiendo que uno se entrega a alguien a quien cree corresponder, a quien le confía sus secretos y le brinda el calor de su cuerpo para expresar lo que no se puede con palabras. Ese desgraciado que me hizo sentir única en el mundo por unas pocas semanas jamás me olvidará porque le dejé los cuernos y parte de su encantador rostro totalmente chamuscado, volviéndole mucho más oscura la piel rojiza. Ah, bueno, ya me desahogué, solo quería demostrar lo que uno es capaz de hacer con un poco de maná y un buen dominio en lo que sería elementalismo con fuego. Si alguien alguna vez sintió lo que yo sentí, le deseo una vida muy feliz y próspera, porque las personas de buenas intenciones y de corazón sincero son las que más tienden a sufrir en este mundo tan cruel. Por supuesto que rehíce mi vida luego de aquel mal trago que significó alguien tan deshonesto e infiel que juega con los sentimientos de a quien tiene colgando de sus manos.

La aventura en Shivalssar se prolongó un poco más de tiempo, ya que Nashyra quiso que vayamos a Drashtone para conocer a sus parientes. Dicho sea de paso, la ciudad portuaria que estaba muy al oeste del reino annem me provocó una muy buena primera impresión, así que se las recomiendo si desean hacer un poco de turismo. Aunque eso sí, todos los annems a los que pedíamos referencia para llegar a través de los caminos del Rey nos advertían que no nos acercáramos demasiado a la espesura y que mantuviéramos los ojos muy abiertos, ya que los lizzarens habían sido vistos saqueando las caravanas y los campos que lindaban con lo que sería parte del imperio de Azhkarsig. Supongo que no se sorprenderían si les dijera que jamás vi tan activo un ejército patrullando la frontera como si se prepararan para invadir o recibir una invasión. Me imagino que se estarán haciendo la idea que durante todo el camino de ida nos la pasamos con los ojos puestos en las espesura por si acaso los hombres-lagarto aparecían, pues sí, así de alerta estuvimos. Cabe destacar que Zandro se comportó como el hombre que ya era pese a que aún no cumplía la mayoría de edad. En una de las armerías que había en Norotresh, el muchachito se había enamorado de una lanza immirkhaniana como las que siempre deseó tener, pero que su abuelo, Kualu, jamás le permitió hacerlo porque de lo contrario, era muy probable que se lo llevarían muchísimo antes al ejército por considerar que ya era alguien diestro con las armas, y la guerra contra los kurogóns era muy demandante.

Cuando finalmente llegamos a Drashtone y fuimos a la residencia de la familia Rashul, todos me hicieron acordar a Crishtian por la amabilidad y la calidez con la que nos recibieron. Como Zandro no estuvo conmigo en el Pinar Dorado, no supo a lo que me refería cuando le hice un comentario al respecto, pero tampoco le importó demasiado, porque al parecer Shivalssar tiende a ser un reino en el que se sensibiliza el corazón. Con esto quiero decir que mi pupilo immirkhaniano le echó el ojo a una annem que era una de las primas de Nashyra y que claramente la doblegaba en edad. Si aquel romance llegó a concretar un amorío fugaz, jamás podría decírselos porque yo nunca lo supe a ciencia cierta, mi querido Zandro era y actualmente sigue siendo un hombre muy reservado. En todos los años que se la ha pasado viajando desde que fundamos el gremio y nos establecimos en Gilvidar, más precisamente en su capital, Nurcalen, jamás he llegado a conocer ni a oír sobre sus relaciones amorosas. Solo para chismorrearles un poco más, podría decirles que Nashyra, pese a ser un par de años más chica que mi otro pupilo, en su momento se puso muy celosa de que Zandro posara sus ojos en su prima, así que les dejo una libre interpretación de lo que eso significa.

Pasamos unos cuantos días muy interesantes en Drashtone, la residencia donde la familia Rashul nos dio alojamiento fue muy acogedora, pero obviamente debíamos marcharnos en algún momento pese a las constantes invitaciones de los padres de Nashyra a que nos quedemos unos cuantos días más. Con Zandro tuvimos que consolar a la pobre annem que se había arraigado tanto en tan poco tiempo a las comidas de su madre y a las extensas charlas que tuvo con su padre de todas las experiencias vividas.

―No se preocupen, no se preocupen ―nos dijo en su momento mientras lloraba a moco tendido―, ya se me pasará, siempre me pongo así cuando me marcho de casa. Cuando me propuse ir a Thir’maho con Crishtian y Mishanna, mi hermano por poco pega la vuelta para llevarme de regreso a Drashtone, y eso que ya nos encontrábamos en Hecktheron.

Efectivamente, se le pasó las nostalgia de abandonar su hogar, solo que también pasaron largos días hasta que lo consiguió. En esos largos días que nos paseamos de regreso por los caminos del Rey lo más lejos posible de la frontera con Azhkarsig, nos propusimos ir a uno de los tantos lugares más emblemáticos que hay en Shivalssar, y que si algún día visitan, es primordial que vayan a verlo. El sitio al que hago referencia, en la lengua de los annem se llama: Rikkirshaly, lo que en la lengua común sería: Garganta de Cristal. No estoy segura si esa es la traducción exacta, pero de las veces que llegué a oír del mismo en Thir’maho, ese era el nombre que empleaban en referencia al lugar. Vayamos a lo importante, ¿qué me pareció el Rikkirshaly o la Garganta de Cristal? Sencillamente es asombroso, nunca he visto la naturaleza con un aspecto tan majestuoso, muchos afirman que se parece a la zona más boreal del Continente de Hielo, allí donde la escarcha predomina en la tierra y en el agua. Aunque como yo nunca he ido tan al norte de Hecktheron, no podría opinar sobre tal comparación, si lo que esperan de mí es que lo describa en palabras, podría decir que es un vasto relieve montañoso que brilla bajo la luz del sol por tener rocas con mutaciones «shalycas», o en la lengua común: cristalinas. No quisiera aburrirlos con ciencias naturales y con hechos históricos que tienen su punto fuerte en la Era Antigua, tampoco es que pueda hablar demasiado de ello porque no soy una gran conocedora de la historia de Lutheia, solo soy una simple maga que llegó a fundar Cenizas de Fénix, a quien yo considero mi más grande logro y la razón por la que existo y me siento tan orgullosa de la buena gente que estuvo, está y seguirá estando cuando yo ya no viva, en ese sitio tan divertido donde reina la amistad. En fin, no puedo evitar no babear cuando hablo de mi gremio porque mi corazoncito pertenece allí, para mí es como el hijo que nunca tuve, el lugar que más amo en el mundo, mi hogar.

Con Nashyra y Zandro pasamos un par de días recolectando «shalys» púrpuras y doradas porque según mi amada pupila, llegaban a valer un cuerno de oro el gramo. Cabe destacar que los recolectores que pertenecen a aquel rubro habían hecho su trabajo estupendamente bien, los únicos colores que prevalecían era el anaranjado, rojizo, plateado, azul y verdes. También había amarillo, lo cual tiende a confundir a alguien que nunca vio un «shaly» dorado, la diferencia estaba en que el amarillo era tan opaco como chillón, mientras que el que en verdad tenía valor por las propiedades raras que poseía, era un cristal más puro y con una transparencia muy nítida en la que llegaban a verse como pequeñas burbujitas dentro. Algo que se me estaba pasando por alto ya que mi memoria comienza a fallarme por la edad, es que el cielo sobre la Garganta de Cristal tiende a colorearse con distintas tonalidades por las propiedades refractivas de la luz a través de los «shalys». Para que me entiendan, estar parado en el Rikkirshaly y mirar el cielo puede equipararse a estar debajo de una vasta aurora boreal como las que pueden verse en el Continente de Hielo a finales de cada estación.

Regresando al tema de la recolección de «shalys», creí que no tendríamos ninguna posibilidad de hallar las que tenían una buena cotización en el mercado, pero me equivoqué. Zandro tenía un muy buen ojo para dicha tarea, de no ser porque Kualu, su abuelo, me lo dejó a mi cuidado para que lo instruya en lo que refiere a la manipulación de maná, le hubiese recomendado que se instalara en Shivalssar para ganarse la vida. Pero como ninguno de nosotros tenía pensado quedarse tanto tiempo ejerciendo una actividad que tiende a dejarte una joroba y un dolor de espalda que equivale a una maldición torturadora, tomamos los pocos «shalys» que encontramos y fuimos a Milsherria, la ciudad más cercana a la Garganta de Cristal. Nos ganamos unos buenos cuernos de oro y nos alojamos en una posada muy bien vista por todos los adinerados y nobles de distintas razas. Allí conocí por primera vez qué era el juego «criaturas míticas y legendarias», ya que había una competición en la que reinaban las apuestas por parte de todos los espectadores. Y si por si acaso te cansabas de mirar y querías pasar a la acción en primera persona, había mesas en las que se podía jugar a la ruleta, al poker, al truco, al black jack, a la canasta y al chancho. Todavía no les he mencionado la parte artística de la posada, había un vasto escenario en el que músicos y bardos de diferentes razas y edades subían y hacían su gracia para ser ovacionados si es que se lo merecían. No hace falta que les diga que para llegar a un lugar de semejante categoría, no había ni un pelo de improvisación, así que mucho menos lo serían los intérpretes que harían sonar sus instrumentos o sus propias gargantas.

En uno de esos días de goce y tranquilidad tuvimos la… ¿desgracia? Bueno, creo que quizás estoy exagerando un poco el encuentro con dicha persona, pero me entenderían si supieran de quien hablo. Como decía, ese día tuvimos un encuentro con alguien a quien tiempo después y ahora mismo podría decirles, se ha metido en los corazones de todos los magos de Cenizas de Fénix, hablo ni más ni menos que de Stuart Raigh. Por aquel entonces era un mozalbete muy encantador que ya había superado la pubertad por mucho y había cumplido la mayoría de edad hace no menos de cinco años. En otras palabras, ya era un adulto hecho y derecho, solo que por su apariencia escuálida y baja estatura, parecía que tenía una edad incluso inferior a la de Zandro. ¿Quién es este Stuart Raigh al que no puedo no mencionar en mi grimorio? Pues… una buena y encantadora persona que tiene un corazón bondadoso, aunque por aquel entonces no actuaba de la forma correcta, pese a que sus motivaciones eran desesperadas. ¿Cómo explicarlo sencillamente? Podría decirles que tuvimos un desencuentro en un comienzo donde jugábamos al poker, la discusión se debió a que quiso pasarse de listo conmigo provocándome. No hace falta que les explique que a mí quien me provoca puede sacarme de mis cabales fácilmente porque tengo una personalidad bastante explosiva, así que imagínense qué ocurrió. El duelo de palabrotas lo gané yo y mi ímpetu hizo que quisiera golpearlo, así que cuando lo hice, Stuart trastabilló con su taburete y al caer quedaron en evidencia todas las cartas que ocultaba bajo su muñeca con un artefacto mecánico que de seguro fue creado por gnomos para esa finalidad o alguna mucho más terrible. El torbellino de guardias en smoking que apareció para calmar los ánimos se lo llevó para darle su merecido, y por lo visto en uno de sus interrogatorios me acusó a mí también de tramposa, así que fui llamada “gentilmente” a dar mi parecer en la acusación. No sé por qué lo habrá hecho, pero su cuerpo ensangrentado y lleno de golpes provocó que en mí, un ápice de lástima fuera dirigido a él, así que lo ayudé a superar todo aquello diciendo que todo fue un gran malentendido. Alguno de los guardias uniformados me oyó decir «esa herramienta gnómica de buen acero se usa porque tiene problema en las articulaciones y no puede sostener por mucho tiempo los naipes». Hasta el día de hoy no sé cómo es que me creyeron y tampoco sé exactamente por qué lo ayudé, porque si les escribiera aquí mismo los disparatados insultos que llegó a decirme, ninguno de ustedes se lo hubiera perdonado.

Una vez que dejamos de lado las riñas y comenzamos a hablar decentemente, llegamos a entendernos y a compartir algunas experiencias que vivimos en el pasado. Antes les he mencionado las motivaciones desesperadas de Stuart, pues… helas aquí: nuestro hombre achaparrado tenía una bebé a la que debía alimentar, estaba solo en la tarea porque su esposa murió en el parto, y ambos fueron huérfanos que crecieron juntos en el mismo orfanato. Debió ser porque nunca conocí a mis padres, puede que también porque me las arregle creciendo en las calles con una banda de niños que estaba obligada a robar para llenar el estómago, pero no sabría decirles por qué me comprometí a ayudar a Stuart Raigh a criar a su hija: Steffanía. Me imagino que estarán pensando qué ocurrió con mis queridos pupilos, bueno resulta que Zandro se encariñó mucho con Stuart, y Nashyra se enamoró de la bebé, así que todos nos convertimos en una familia poco convencional. Si hay algo que me sorprendió muchísimo en el poco tiempo que estuvimos con Raigh y su hijita de pocos meses de vida, fue que con un «capglass» que él tenía por casualidad guardado en una de sus maletas, me enteré que tanto el padre como la niña eran portadores de maná. Aquello fue un soberbio motivo de festejo, ya que le comentamos que los tres vagabundos que éramos Zandro, Nashyra y yo, estábamos pensando en consolidar un gremio y que ellos dos eran más que bienvenidos.

―Creí que te hubieses dado cuenta sola ―me había dicho Stuart una vez que estuvimos acampando en las afueras de Milsherria. Espero que no piensen que fuimos unos desalmados que nos dispusimos a internarnos entre la espesura en pleno invierno y sin tener nada con qué repeler el frío que podría llegar a padecer Steffanía, porque para que sepan, lo que hicimos en su momento, fue comprar una cuna gnómica. De seguro se estarán preguntando: ¿Qué mierda es una cuna gnómica? Pues, simplemente una cuna común y corriente, solo que tenía rueditas para transportarla como si fuera un cochecito, además de unas placas térmicas que mantenían al bebé en una temperatura agradable. Sí, yo también me sorprendí de semejante invento en el siglo XIV de la N.E., pero así estaban las cosas en aquel entonces. No me quiero imaginar de qué pueden llegar a ser capaces los nativos de Wunregan en un par de siglos más, pero como ni siquiera viviré para saberlo, la verdad es que ni me importa. Otra cosa que me imagino que se preguntarán: ¿Cómo hicieron para pagar semejante cuna con ruedas y placas térmicas? Bueno, la verdad es que nos costó muy caro, no nos quedó ni una estrella de cobre, volvimos a ser igual de pobres que antes, con la diferencia de que llegamos a ser dos más en el grupo. No quisiera irme demasiado de lo que Stuart quiso decirme en aquel entonces, así que continuaré―: Para ese mecanismo gnómico con el que me descubrieron haciendo trampa con los naipes era necesario tener una pizca de conocimientos en las artes arcanas para poder volverlo invisible si era necesario hacerlo, de lo contrario me hubiesen descubierto mucho antes de que me empujaras.

Debido a que Stuart era oriundo de Rekkan y había quedado viudo en Shivalssar, donde estuvo paseando largo rato con su difunta esposa por todo el noreste del reino de los annems, decidimos emprender un viaje que nos llevara lo más al sur posible, aunque claramente no lo suficiente para estar en la frontera que pueda resultar peligrosa en caso de que las tropas de Bharandûr o Lassiev se propusieran invadir y pasar por la espada a cada persona que vieran. Por lo tanto, desde Milsherria utilizamos los caminos del Rey para ir a la zona más austral de Shivalssar, así que nos topamos con un par de aldeas muy bonitas que deberían conocer. Aunque en el lugar en el que nos alojamos empleándonos a nosotros mismos como mano de obra para ganarnos el sustento del día a día, fue en la herrería de un annem llamado Borish Shuman. Vale aclarar que yo, al ser una muy buena maga elementalista de fuego, logré trabajar con mi maná practicando el lanzamiento de algunos de los hechizos ya mencionados.

Yo actuando como una fragua viviente, Stuart templando el acero y ayudando a Borish a trabajar el hierro de diferentes armaduras, Nashyra cuidando de Steffanía o barriendo la armería, y por último Zandro saliendo a las calles como un vendedor ambulante de espadas, hachas y mazos, fue la manera en la que nos dividimos las tareas con las que nos ganamos la vida en Grashunnia. Supongo que es necesario que les diga que mi autoaprendizaje de elementalismo con fuego que yo misma me instruía leyendo los grimorios con los que me hice en Norotresh y Thir’maho, fue mermando poco a poco por la obvia razón de tener que actuar como la matriarca del gremio que se iba consolidando, aún sin un nombre fijo. Aunque por supuesto que en ningún momento me dispuse a bajar los brazos, yo sabía muy bien quién era y quién quería llegar a ser, así que ni bien tuve las riendas del asunto y todo marchó moderadamente bien, seguí leyendo y practicando los encantamientos de elementalismo con fuego. Afortunadamente para todos, el negocio de Borish fue creciendo a pasos agigantados. La razón por la que acabamos en su armería, se debió a que uno de sus competidores en el oficio, migró a la ciudad costera de Lashienne, y se llevó consigo a todos los aprendices que con tanta paciencia instruyó en la ardua tarea del yunque, el fuelle y el martillo. De no ser porque nosotros estábamos un poquito desesperados en querer conseguir cuernos de oro, coronas de plata, o alguna mísera estrella de cobre para poder comprar algo más que papilla para bebé, jamás hubiésemos pensado que acabaríamos trabajando en una herrería. Luego de cada jornada laboral, con el viejo herrero conversábamos hasta altas horas de la noche sobre todo lo que hemos tenido que vivir en nuestras vidas. Jamás entendí cómo fue posible que al día siguiente, mucho antes de que despuntara el alba, ya nos encontrábamos cada uno de nosotros en sus respectivos puestos de trabajo. Aprendí mucho de Borish, su vida es un claro ejemplo de sacrificio constante y de jamás dejar de seguir luchando por vivir. Digo esto porque él tuvo una larga y triste historia, tuvo esposa y cuatro hijos varones, pero la guerra y la enfermedad se los arrebató a todos. Yo nunca tuve esposo ni mucho menos hijos, así que no podría precisar cómo me sentiría si estuviese en su lugar, supongo que mal, ¿no? Así es como nos sentimos todos cuando la muerte se lleva a nuestros seres queridos, aunque en aquel entonces, mucho antes de conocer a Nashyra, Zandro, Stuart y Steffanía, jamás tuve a nadie. La misma banda de malvivientes que me obligaba a delinquir quiso matarme cuando me rehusé a seguir trabajando para ellos, así que me marché para jamás volver, pero no viene al caso que me ponga a contarles la historia de mi infancia, quizás no aún. En caso de que no les diga nada más sobre mí pasado en las páginas siguientes, solo me gustaría decirles que siempre fui una huérfana rebelde y sin causa, lo más cercano que tuve a una familia fueron y todavía siguen siendo, todos los miembros de Cenizas de Fénix.

Para serles franca, debo decir que tenía un gran prejuicio para con los herreros y otras personas que ejercen diferentes oficios. En el caso puntual del que les he nombrado, debe ser porque al único herrero que conocí en toda mi vida, fue a uno que trabajaba en la cuadra del callejón sucio y frío en el que yo dormía cuando era niña. Era hosco, mal hablado, gruñón, y cada dos por tres se trenzaba a golpes con alguno de sus clientes porque se negaban a pagar por la mierda de trabajo que había hecho. Borish Shuman era todo lo opuesto a ese sujeto, puede que tuviera que ver que era un annem y no un humano, o puede que haya sido porque fue muy bien educado de pequeño por una familia acaudalada, pero entre ambos herreros había un abismo de diferencias. ¿Qué podría aprenderse de un herrero como Borish? Bueno, la verdad que todo, era muy detallista y perfeccionista en todo lo que hacía, de lo que primero me di cuenta, fue que si algo lo hacía mal, comenzaba de nuevo sin importarle qué hora sea. Otra cosa que me sorprendió cuando la vi, fue un libro que llevaba a todos lados y que por lo visto, para él, era muchísimo más valioso que el libro sagrado que utilizan los sacerdotes y los paladines que adoran a la Diosa de la Luz. «Secretos de herreros» tenía de título con una elegantes letras doradas, la tapa era de un cuero desgastado que daba la impresión que en algún momento fue negro, pero que el paso del tiempo y la luz solar se encargó de volver de un color gris rata. Digo lo de la luz solar, porque ese libro siempre se hallaba sobre un mostrador de cristal que estaba junto a la ventana. Por cierto, dentro del mismo, estaban en exhibición muchos de los artículos lujosos y excelentemente bien labrados que parecían obras de arte y que habían sido creación de Borish hacía mucho tiempo, pero que ninguno de los interesados en comprar fue con los cuernos de oro suficientes para llevárselas. Cuando le pregunté al viejo annem por «Secretos de herreros», me contó que eran historias únicas de sujetos que lograron hazañas en trabajar el acero y otros tantos metales. Por lo que le oí decir una vez que Zandro se había interesado mucho más que yo por el contenido del libro, habla de hechos icónicos en la historia de Lutheia, entre ellos estaba la vez en que se forjó Argenta, la Luz de los Astros, la mismísima espada que fue blandida por Bairon Kalinus, el Guardián de la Nueva Era, en una batalla que según la raza humana, marcó el final de la Era Antigua, como lo fue la Batalla Contra el Dios Dormido. No quisiera meterme en la discusión sobre qué momento marcó el final y el inicio de las dos eras que se conocen en nuestro mundo porque la verdad es que no es de mi interés. Simplemente quería hacer mención a una de las armas más famosas de todos los tiempos, que al igual que tantas otras, aparecen en «Secretos de herreros».

La verdad es que ya casi ni recuerdo cuánto tiempo nos la pasamos como aprendices de herreros ganándonos una buena comisión de cuernos de oro y coronas de plata por cada uno de los trabajos realizados. Nos la pasamos tan bien que no queríamos marcharnos, pero teníamos que hacerlo algún día, ¿no? Decidimos quedarnos hasta que Borish encontró unos cuantos jóvenes que ansiaban aprender del oficio, así que una vez que ya todos supieron cómo hacer exactamente lo que nosotros aprendimos, nos despedimos y le deseamos muy buena suerte. No se crean que fue tan fácil, me imagino que ya se habrán dado cuenta que Nashyra lloró a moco tendido, también vi lagrimear a Zandro, y si he de serles sincera, debo decirles que a mí también se me humedecieron los ojos. En fin, luego de varias semanas en Grashunnia había llegado el momento de marcharnos, nos habíamos arraigado tanto a la ciudad que nos sentimos como unos completos extraños cuando nos adentramos en el camino del Rey que conducía al sur.

Publicado la semana 42. 13/10/2020
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Fantasía , En cualquier momento
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