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José A. Guerrero

Relatos de Lutheia: Zardevah

―¿Qué creen que sea esto?

―Solo no lo toques, Peter.

―¿Por qué, Menna? Parece ser un monolito común y corriente.

―Nada en esta isla es común y corriente, chico ―dijo Blake cuando dejó descansar su lanza immirkhaniana sobre la gran roca en la que se encontraba de pie.

―¿No creen que exageran? ―dudaba en tocarle la cabeza al monolito.

―Esto es Zardevah, Peter ―dijo Menna mientras se acercaba a su lado y le ponía una mano al hombro―. Mucho antes de que las urins fueran creadas por Fiora, los dioses habían hecho de esta isla su hogar. ¿Quién sabe qué clase de poderes ocultan estos monolitos? Incluso las raíces del Árbol de la Vida son de temer, ¿sabes?

―¿Por qué habríamos de temerle? Es el que nos provee de todo.

―Sí, los continentes se proveen de él y sus semillas, pero nosotros no deberíamos estar husmeando por aquí. He oído todo tipo de historias de cazadores y esclavistas que han decidido venir aquí a sacar provecho de mala manera y nunca han regresado.

―Pero nosotros solo venimos porque tú quieres hablar con la Mística, ¿no? ¿Por qué los dioses nos castigarían?

―Naiara es una urin muy especial, no creo que nadie nos castigue por hablar con ella, pero sus hermanas, según lo que me han contado, se muestran muy recelosas a que más visitantes se entrometan en su hogar.

―Solo son niñas, ¿en verdad les temen?

―Son urins, chico, no son niñas como las que ves en el continente ―Blake parecía indignado mientras veía que no se tomaba con seriedad el motivo por el que llegaron allí―. Tendrán una tierna apariencia, pero son letales si se enojan. He oído testimonios de tripulaciones que llegaron hasta aquí siendo demasiados y regresaron pocos.

―¿Existe la posibilidad de que…?

―Por supuesto, Peter, simplemente no toques nada ―Menna sonrió al ver que su semblante despreocupado cambió rotundamente―. Estamos en una isla sagrada que es venerada por las protectoras de la naturaleza por encima de todo, y ellas están dispuestas a proteger de la corrupción del continente cada pequeño rinconcito de su hogar. Y los monolitos que en gran parte fueron artesanías de los mismísimos dioses, son como unas especies de altares o tótems en los que ellas rezan día y noche.

―A ese monolito se ve que no le dan mucha importancia, estaba cubierto de musgo y fue bendecido con mierda de pájaro.

―Solo hazme caso, Peter, no toques nada.

Publicado la semana 34. 17/08/2020
Etiquetas
Fantasía , En cualquier momento
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Relato
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I
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