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José A. Guerrero

La nostalgia de Celia

Todo me parece tan lejano en el tiempo, y es que el tiempo pasó verdaderamente desde la última vez que estuve allí, y desde la última vez que lo vi. ¿Cómo podría explicarle a alguien todo lo que viví? Aquello no fue más que una fantasía, un sueño inconcluso que terminó por despertarme de una amarga pesadilla. Aunque al menos tengo que agradecerte a vos que siga con vida, y que nuestra hija también viviera, para acabar convirtiéndose en una gran madre, y al fin y al cabo, hacer de mí una abuela.

Definitivamente me hubiese gustado que estuvieras conmigo, pero el destino nos fue adverso a ambos, y las heridas de una guerra dentro de tu familia tuvieron el lamentable desenlace que provocó que acabáramos en dos mundos completamente diferentes. ¿Seguirás con vida? Nunca dejo de preguntarme eso cuando apoyo la cabeza sobre la almohada, o cuando me miro al espejo, o simplemente cuando veo el color de cabello que heredaron de vos nuestra hija y nuestra nieta. Debo admitir que no solo heredaron eso, ambas son unas obstinadas de corazón intrépido y aventurero, más de una vez me dieron unos sustos de muerte cuando trepaban árboles o el tejado de la casa; seguramente te reirías si vieras las caras que ponían cuando las regañaba.

Nuestra hija fue lo mejor que me pasó en la vida, aunque supongo que vos dirías lo mismo si estuvieras aquí a mi lado, bajo la sombra del sauce llorón que me abrió una puerta que nadie nunca supo que existía. Sobre todo cuando en mi niñez le hablaba de mi vida, y por más que no lo creas, al ir creciendo seguí hablándole, hasta que le confesé todos mis secretos y mis sueños, y en ellos apareciste vos casi como si fuera por arte de magia. Hmmm… tal vez no fue tan así exactamente, me costó encontrarte en el otro lado, pero cuando te vi supe que eras el hombre de mi vida, y así fue, ¿no? Bueno, realmente espero que vos también sigas pensando lo que me dijiste en aquella ocasión cuando hicimos el amor por primera vez. Nunca viví inviernos tan cálidos como los de aquel entonces, y desde que volví a poner un pie en este lado, incluso los veranos que pasan año tras año, me parecen cada vez más fríos.

Por más que me duela saber que no habrá chance de que volvamos a vernos, todavía sigo sintiendo esperanzas de que la realidad me sorprenda, quizás en mis sueños, o quizás cuando esté tomando mates debajo del sauce, mientras espero que nuestra nietita llegue a pasar las vacaciones de verano conmigo. ¿Te imaginas si llegáramos a encontrarnos una vez más y vieras a nuestras niñas? Sí, de tan solo pensar en volver a verte se me llenan los ojos de lágrimas, porque sé que pensar en eso no es más que una quimera. Y es cierto que lo es, no hay chances de que sepas cómo llegar aquí, nunca te lo dije, y no lo hice por miedo, solo cuando estuve decidida a hacerlo, cuando verdaderamente quise que vos vinieras conmigo, ya fue demasiado tarde.

Todavía sigo reprochándome eso, no hay un solo día en el que piense qué hubiera pasado si te decía cuál era mi verdadero nombre, y sobre todo cuál era mi verdadera procedencia. Solo que desde aquel punto me surge el interrogante de pensar si hubieses llegado a creerme de tan solo saber la verdad. Está claro que eso yo nunca lo sabré, porque vos seguís del otro lado, y yo todavía no logro despertar de mi asombro; incluso, por más que no lo creas, no logro diferenciar qué fue real y qué fue un sueño. Porque estoy segura que en mis sueños aparecen fragmentos de vos, y de lo que vivimos alguna vez, pero sigo sin darme cuenta qué parte es un recuerdo y qué otra un mero deseo reverberándose en mi mente, al igual que cualquier anhelo de volver a verte.

Por más que me haga la dura y siga aparentando estar entera, realmente eso no es así, hay algo dentro de mí que está carcomiéndome lentamente, es casi como si tuviera la sensación de que me estoy marchitando. Pero estoy segura de que debe ser parte de la vejez, en definitiva es cierto que en mi rostro que alguna vez fue joven y bonito, ahora se están acumulando arrugas por todas partes. Quizás lo de pensar en que me marchito se deba al paso del tiempo, y a que mi estado de salud parece haber empeorado un poco. Estoy muy segura qué es lo que me espera en el futuro, a veces me gusta pensar que nuestros caminos volverán a unirse cuando ambos lleguemos al mismo punto final.

Pero todavía no puedo pensar en eso, ya que me quedan muchos veranos más por vivir. Este se parece mucho al anterior, solo se diferencia en que nuestra nietita pegó el estirón, y ahora lee como si mañana mismo se acabara el mundo. Pese a que ella me pregunte por vos, al igual que lo hizo nuestra hija en su momento, yo prefiero seguir haciendo silencio porque tengo miedo. ¿A qué? Sería una buena pregunta, pero la verdad es que no lo sé. Así que en lugar de contarles personalmente la merecida verdad de lo que pasó entre vos y yo, solo me dedico, al igual que lo he hecho en toda mi vida como escritora, a dejar plasmadas en papel las historias más increíbles de las que ellas jamás creerán que fueron verídicas; cuando realmente fueron nuestras vidas…

Publicado la semana 3. 13/01/2020
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https://www.youtube.com/watch?v=HZ3aNv8_-ZE&t=55s , Fantasía , En cualquier momento
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