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José A. Guerrero

Relatos de Lutheia: Jhalil

―Se nota que el tiempo pasó y ahora estoy irreconocible, ¿eh?

Jhalil miró al hombre que le hablaba mientras tomaba cerveza junto a la barra.

―¿Nos conocemos?

―Por supuesto que sí, luchamos juntos en la Batalla de los Tocones Nevados.

―¿Eres tú, Ceverino?

―Al menos mi nombre sí lo recuerdas pese a que no sepas que me pertenece.

―¡No lo puedo creer! ¿Cuánto tiempo ha pasado de aquel entonces?

―Creería que catorce años, aunque no estoy seguro.

―Catorce años, ¿eh? Se nota que ya estoy viejo.

―Explícame una cosa, Jhalil, ¿cómo es que un mercenario amunrrathiano de renombre y con honores pasó de luchar por la reina legítima al trono de Pethria para acabar siendo dueño de una posada al noroeste de Foldener?

―Es una larga historia, pero podríamos decir que me enamoré.

―¿Y dónde está la afortunada?

―Murió hace unos años con la última peste que hubo en la región.

―Lamento oír eso ―desvió la mirada muy apenado y bebió más cerveza, luego ladeó la cabeza y observó al resto de sus clientes en la taberna―. Parece que eres el único de todo Palitts que se muestra dispuesto a tener tanta diversidad de huéspedes, ¿eh?

―Muchos de los que ves aquí son mercenarios, cazadores o mercaderes, y ninguno de ellos por no ser humanos tienen lugar en los demás establecimientos de la ciudad. Yo todavía no comprendo porqué aquí en Rekkan son tan racistas, cuando el dinero que te puede dar un trol, un orco o un vakuri es igual al de cualquier otro humano del reino. Cambiando de tema, Ceverino, ¿cómo te trata la vida?

―La vida en el ejército es muy sacrificada, ¿sabes? Ni bien Altheron Dahenar acabó coronándose como Rey de Reyes teniendo a Henea como la nueva Reina del Fuego, la guerra contra los independentistas de Erguiliat se desató inmediatamente.

―Oí lo de la Ciudad de Plata. No ha habido ningún avance con ellos, ¿verdad?

―¿Más de catorce años en guerra te dice algo? El maldito Lanza Partida es imposible de cruzar y la Cola de Dragón está muy bien protegida en todas sus estribaciones, ni siquiera si lográramos atravesar las barricadas de los primeros campamentos de vigías podemos ascender tan fácilmente.

―Debe ser frustrante.

―¿Cuánto te debo por la cerveza, Jhalil?

―La casa invita, Ceverino, me alegra mucho haberte visto otra vez.

―Gracias. Iré a dormir, mañana me espera un largo viaje.

―Que descanses ―dijo mientras lo veía marcharse por la escalera que conducía a las habitaciones, luego ladeó la cabeza y dirigió una mirada nostálgica hacia la espada curva que había empuñado en los tiempos que todavía era un mercenario.

―Otra cerveza, Jhalil ―le dijo un gnoll en una de las mesas más cercanas.

―Enseguida…

Publicado la semana 28. 06/07/2020
Etiquetas
Fantasía , En cualquier momento
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Relato
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