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José A. Guerrero

Relatos de Lutheia: Amigas

Ambas caminaban totalmente despreocupadas por la Plaza de los Mercaderes luego de que hayan optado por escaparse de la escuela.

―¿No te dije que fue una gran idea? ―preguntó Zerenna.

―Todavía tengo mis dudas ―respondió Feyien―. ¿Qué tal si nos descubren?

―No seas tan asustadiza, eso no sucederá. Estaremos de regreso antes de que se hayan enterado que nos marchamos.

―¿Y por qué estabas tan apurada por venir hoy?

―Porque me comentaron que hay una tienda de dulces que… ¡Ahí está!

Cruzaron corriendo una de las calles adoquinadas y pusieron sus manos sobre el cristal de la vidriera mientras se relamían al ver cómo el dueño del local reponía en sus respectivos sitios los bombones de fruta, chocolates y caramelos.

―¿Cuánto crees que cuesten esos de allá?

―Habrá que entrar a preguntar, ¿no? No quise que viniéramos hasta aquí solo para quedarnos del lado de la calle, ¿sabes?

―¿Y trajiste dinero?

―Lo tenía todo fríamente calculado, amiga mía.

Una vez dentro de la tienda se relamieron al ver en los exhibidores todo tipo de nuevas exquisiteces que desde afuera no llegaban a verse.

―Hola, pequeñas, ¿en qué puedo ayudarlas?

―Por el momento solo queríamos ver, ¿qué tienes que sea de coco?

―Al fondo del pasillo a la derecha encontrarás todo lo que buscas.

―Gracias, ahora regresamos.

―A ti no te gusta el coco, Zere.

―Quería hacerle un regalo al maestro Wayro, pronto será su cumpleaños y ambas sabemos muy bien que le gusta todo lo que tenga coco.

―Ah, claro, el cumpleaños, ¿eh? ¿Segura que solo lo haces por eso?

―¿Y por qué otra cosa sino?

―No sé, quizás porque quieres que te levante el castigo por el libro de hechizos que le arruinaste cuando le tiraste una taza de café con leche encima.

―Puede que un poquito por eso también, pero en verdad quería hacerle un regalito a él y otro a ti por ser mi mejor amiga.

―Algún día descubriré qué favor quieres que te haga.

―¿Es que no puedes ver que mis intenciones son buenas y sinceras?

―Lo que tú digas… ―puso los ojos en blanco y sonrió cuando vio a la distancia unos caramelos que le parecían muy tentadores―. Eso de ahí puede que le guste.

―Si saben tan bien como se ven deben ser exquisitos, ¿no? ―sonrió cuando la vio asentir―. Bueno, ya tengo el regalito perfecto para él, ahora me toca encontrar algo para ti, así que te voy a pedir que me esperes fuera de la tienda porque va a ser una sorpresa.

―¿Por qué tanto misterio? Ya me dijiste que me ibas a comprar algo.

―Por favor, ve afuera y espérame en la entrada, ¿sí?

―De acuerdo, solo no gastes mucho y no me compres nada de frutilla.

―Por supuesto, ve rápido, así regresamos a la escuela sin que nos descubran.

―Sí, ya voy, ya voy…

Cuando Zerenna se quedó a solas al fondo del pasillo revisó todo lo que fuera de chocolate y se decidió por unos tronquitos rellenos de dulce de leche. Pagó las estrellas de cobre que le costó todo y salió de la tienda con una sonrisa.

―Espero que esto… ―enmudeció cuando no vio a Feyien por ninguna parte.

Publicado la semana 26. 22/06/2020
Etiquetas
Fantasía , En cualquier momento
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