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José A. Guerrero

Relatos de Lutheia: Victorika

―Me imagino que me temes por saber quién soy, ¿no? ―le dijo Marevh.

―Nunca te temería, pero me indigna haberme enterado de esta manera. ¿Cómo esperas que siga confiando en ti? ¿Es que no te das cuenta que ahora todo cambió?

―Nada cambió, Victorika, no aún ―hizo una mueca al ver que ella le desvió la mirada en dirección al inmenso ventanal que daba al parque de la mansión―. ¿Es que no lo entiendes? Esto recién es el comienzo, nuestro comienzo.

―¿Nuestro? ¿Tuyo y de quién más? Porque hasta donde yo sé no me estabas incluyendo. Sé muy bien cómo son los de tu clase, Marevh, y no me mires con esa cara de inocente, porque de inocente los brujos no tienen nada.

―Escúchame, por favor, lo nuestro no tiene que acabar aquí, yo te amo…

―¿En serio? ¿A tal punto que estabas dispuesto a sacrificarme por tu causa?

―Jamás pensaría hacer eso y lo sabes de sobra. En estos momentos solo importamos tú y yo, ¿lo entiendes? Me da igual lo que piensen hacer los que son como yo o las que son como tú, especialmente esa reina.

―Ella hizo de mí lo que soy ahora, le debo la vida.

―Puede que eso sea cierto, pero siempre estarás a sus pies. Yo puedo elevarte hasta límites insospechados para que la veas desde arriba y entonces sabrás que no le debes nada, porque yo habré hecho de ti mucho más de lo que eres ahora.

―¿Me propones que la traicione por alguien que siempre me mintió?

―Nunca te mentí.

―¡Me ocultaste la verdad! ¿¡Cómo llamas a eso si no es mentir!?

―No estabas preparada para saber quién era yo y a qué aquelarre pertenecía.

―¿Y crees que ahora lo estoy? Por lo visto no me conoces del todo bien.

―Yo te amo, Victorika, pero cuando la Nueva Era llegue a su fin y los míos traigan de regreso a J’kus para que ocupe el lugar que se merece, nosotros seremos inmortales. Es por eso que debemos estar juntos y ser inteligentes, no por los míos ni por los tuyos, sino por nosotros y por J’kus, ya que él será quien nos bendiga con la inmortalidad.

―Ya ha sido suficiente por hoy, Marevh, no quiero volver a verte en lo que resta del día. Ve pensando dónde pasarás la noche, porque no será en mi casa ―dijo mientras se dirigía a la puerta para abandonar el dormitorio―. Quiero que sepas que en estos días iré a ver a Azsienna…

―¿Eso es una amenaza?

―Por supuesto que no, no pienso delatarte, pero sé muy bien que tiene planeado algo entre manos para acabar con los que son como tú. Si yo llegara a insinuarle que eres uno de ellos, lo más probable es que te ejecute en Nurcalen para que todos sepan que ningún brujo es bienvenido en Gilvidar.

―Eso ya lo hace en la clandestinidad, pero yo no le tengo miedo.

―Deberías, ella es implacable, moverá cielo y tierra con tal de purgarlos del reino.

―Aun así no pienso doblegarme ante nadie, seguiré creyendo en J’kus y haré su voluntad hasta el final de mis días.

―Porque todavía sigo sintiendo algo por ti, espero que esos días nunca lleguen.

Publicado la semana 23. 01/06/2020
Etiquetas
Fantasía , En cualquier momento
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Relato
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I
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