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José A. Guerrero

Relatos de Lutheia: Asesinas

Camira se encontraba recostada en el sofá leyendo una de las novelas románticas que tanto le gustaban. Escuchó cómo dos de sus compañeras ingresaban discutiendo a la vivienda en la que se refugiaban de los guardias que en incontables oportunidades perseguían a quienes eran como ellas.

―¿Qué sucede? ―preguntó un poco fastidiosa.

―Amika cree que nos estamos excediendo, ¿puedes creerlo?

―¿Excediendo en qué sentido?

―¡No podemos matar como lo venimos haciendo! ¡Esto tiene que parar!

―¡Esto tiene que seguir! ―replicó Oriana―. ¿Es que no te das cuenta? Los tenemos acorralados, están cada día más asustados y han detenido su actividad.

―¡Matamos a un niño! ―replicó Amika.

―¡Era uno de ellos! ¿¡Qué parte no entiendes!?

―Suficiente, Oriana, deja de gritarle.

―Es que es demasiado terca, Camira.

―No soy terca, soy realista. ¡Era un niño!

―Si te refieres al de la última noche, era casi un hombre. Además era uno de ellos y lo sabes muy bien, participó de las violaciones y asesinatos.

―Hay que encontrar otra manera de resolver estos asuntos cuando son niños ―protestó Amika fulminando con la mirada a quien las lideraba.

―Supéralo, por favor, te necesito entera para nuestra próxima misión.

―¿Cuándo será eso? ―preguntó Oriana.

―Pronto, todavía faltan ultimar algunos detalles, pero por lo que me contó Rubben por la mañana, un soldado le dio una información muy interesante.

―Yo no iré ―dijo Amika al negar con la cabeza―. Me niego a seguir formando parte de las Espadas Quebradas si no se cambia de postura respecto a los niños.

―Entonces puedes irte, no quiero volver a verte.

Publicado la semana 22. 25/05/2020
Etiquetas
Fantasía , En cualquier momento
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Género
Relato
Año
I
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