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José A. Guerrero

Relatos de Lutheia: Nayaire

Se encontraba a la entrada del bosque de abedules que habitaba desde hace tantos años, que ya había perdido la noción del tiempo. Observó que más allá había un horizonte plagado de colinas, en el que un sauce de imponente tamaño reposaba en soledad en la más alta. Sabía muy bien que ese árbol escondía sus secretos, la primera vez que lo vio se acercó a él sintiendo mucha curiosidad y oyó su voz cuando conversaba con uno de los druidas del Círculo de la Hoja. Desde aquel entonces prefirió permanecer oculta en su bosque, meditando en sintonía con la naturaleza como era la costumbre de las que fueron como ella y permanecieron a su lado hasta que esa trágica noche se desató y finalmente partieron al Descanso Eterno.

Se dio la vuelta y caminó hasta un vado que visitaba a menudo cuando pensaba que ya era momento aventurarse más allá de Hunval, anhelando poder reencontrarse con las que alguna vez partieron hacia la península de Argun. Se arrodilló para beber un poco de las aguas cristalinas y observó un par de peces coloridos nadar a toda velocidad entre las algas. Cuando los perdió de vista lo único que divisó fue el reflejo de su rostro pálido, sus ojos naranjas, sus cabellos verdes y sus astas de madera. Esa apariencia que se asemejaba tanto al de las otras ninfas de la región, era uno de los principales motivos por los que se sensibilizaba hasta el borde de las lágrimas.

Suspiró y contuvo el llanto por el recuerdo de que las había perdido a todas, y cuando se dispuso a llevarse un poco de agua a la boca, notó que una gran fuente de luz se aproximaba de entre los árboles. Abrió muy grande los ojos cuando lo vio, era una criatura alada con un cuerpo espectral que se asemejaba al de un hermoso corcel. Nunca antes había visto a uno de los de su raza, ya que son una completa rareza que escasean en número por los cazadores de espíritus que ella tanto detesta. Se puso de pie y caminó hacia él muy lentamente hasta que se detuvo cuando lo oyó relinchar muy nervioso.

­­­­­­­­―Tranquilo… ―le dijo alzando una mano, pero el spectum no le hizo caso, completamente alarmado de que alguien quisiera acercársele, comenzó a galopar junto a la ribera del río y alzó vuelo hasta que su cuerpo espectral se mimetizó con el cielo.

Nayaire encontró un motivo por el cuál no debía marcharse de Hunval.

Publicado la semana 19. 04/05/2020
Etiquetas
Fantasía , En cualquier momento
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Relato
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I
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