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Humbert Monroe

Las manos

El soberbio golpeó a su hija menor hasta asesinarla. Miró a su mujer y le gritó “es culpa tuya”.  Se lavó las manos para limpiar la sangre y continuó con su vida como si nada hubiera sucedido. Se anunció a todos que la menor había muerto de fiebre.

Tiempo después, en una noche de otoño, mientras el hombre dormía en la tranquilidad del palacio, su mujer alistó la espada y le cortó las manos. Se dirigió hasta la entrada del pueblo y las colgó con un letrero que decía: “caminad tranquilos por estas tierras, aquí reposan las manos del tirano”.

 

Publicado la semana 9. 26/02/2020
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Género
Relato
Año
I
Semana
09
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