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Humbert Monroe

El relojero

Lo dejaron totalmente ciego papá. Eso dijeron los hijos al observar que los ojos de su padre, después de haber sido sometido a una cirugía, se encontraban totalmente blanquecinos. De inmediato se inició una dolorosa discusión, en la que se determinaría cuál de los tres hermanos asesinaría al médico.

La decisión fue equitativa: los tres al tiempo buscarían al hombre y cada uno propiciaría el número de puñaladas que considerada justo.

El padre que los escuchaba, les advirtió que, si lo hacían los tres a la vez, existía la posibilidad de que los descubrieran y todos fueran a prisión y entonces nadie se ocuparía de sus cuidados y él moriría. Además, alguien se tendría que encargar del negocio de la relojería.

Se realizó entonces un nuevo replanteamiento de la situación que terminó en un sorteo, que dio como ganador a Ricardo, el menor de los hermanos.  Entusiasmado por su encargo, Ricardo indagó por la ubicación del médico, pero en el edificio donde atendía a sus pacientes, ya no se encontraba su consultorio. En el local, un letrero de renta y unos recibos sobre la baldosa, era lo único que se veía. No existía ninguna referencia de la nueva ubicación del especialista.

Tardaron dos meses en encontrarlo. Luego planearon de forma rigurosa la venganza. La noche que Ricardo seguía a la víctima para ultimarlo, este subió por un puente peatonal y notó que era perseguido. Ricardo alistó su cuchillo, los hermanos que observaban la escena, no aguataron la tentación de vengarsen y se unieron a toda prisa subiendo por el puente y lo interceptaron. El médico pensó que se trataba de un atraco y en un acto de defensa propia, sacó su arma y disparó contra los tres sujetos.

En medio del dolor que causó la muerte de sus hijos, don Raúl, el relojero, recordó, que tiempo atrás, el médico le había encargado la tarea de pulir el pulso de un reloj antiguo que había heredado de su abuelo. El relojero maravillado por la exquisitez de la joya, decidió destaparla y cambiar la fina maquinaria. Don Raúl ahora experimentaba un escalofrío al sospechar que todo lo que había sucedido se trataba de una cruel venganza. Pero solo lo pudo comprobar meses después. Sucedio una mañana que se encontraba en la calle con su bastón de ciego, pidiendo monedas y escucho la voz de un hombre que le preguntó la hora.

 

 

Publicado la semana 48. 29/11/2020
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