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Humbert Monroe

Smith & Wesson

Santiago era inteligente y muy calculador. Winston era frío y despiadado.  Ambos eran una combinación terrorífica. Los gemelos Pómez, acababan de cumplir 16 años, eran rubios de pelo quieto, aspecto maquiavélico y contextura robusta. Para la edad que tenían, aparentaban unos cuatro años de más.  La familia pómez sabía que estos dos jóvenes no podían estar mucho tiempo juntos sin que acabaran en problemas. Cada vez que se les ocurría una maldad, siempre resultaba muy pasada y los costos de la insolencia los terminaba asumiendo la familia.

En el cuarto de estudio en una gaveta  del escritorio se encontraba un revólver de marca Smith & Wesson, del cual se decía, nunca se había disparado desde que el abuelo lo compró.

El revólver era oscuro, muy pesado y de cacha dorada. Santiago y Winston, siempre fueron los preferidos de todo el grupo de nietos y bisnietos que el abuelo tenía. Ambos poseían ciertas características que el abuelo apreciaba, sobre todo esa combinación de inteligencia, fuerza y maldad que los gemelos demostraban. Por eso eran los únicos a los que se les permita ver el arma.

Los gemelos habían perdido a su padre biológico, quien fue asesinado una década atrás, quedando el crimen impune. Lo mismo sucedió, dos años antes con su tío Harry.  Ellos odiaban a su padrastro actual y decidieron eliminarlo, así como algún día alguien había planeado acabar con la existencia de su padre y su tío. Por varias noches idearon el crimen, para que saliera perfecto y no hubiera posibilidad alguna de inculparlos.

El domingo cuando el padrastro se desplazaba por la carretera que conducía hasta el pueblo, los gemelos lo interceptaron en una motocicleta, disparándole en seis oportunidades. Regresaron a casa y con cautela, colocaron el arma en la gaveta, como si esta no se hubiese utilizado.

La noticia del asesinato causó indignación en el pueblo.  La familia Pómez, conmovida, veía como de nuevo  la tragedia y el crimen los perseguía. El abuelo, una vez se enteró del infortunado suceso, bajó hasta el estudio, tomó el revólver de la gaveta, lo desarmó para limpiarlo y quitarle los rastros de pólvora. Lo dejó como nuevo. Llevaba ya una década sin ser disparado.  

 

Publicado la semana 46. 14/11/2020
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