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Humbert Monroe

María

No recuerdo cuánto la había esperado.  Sobre la mesa un inventario de más de ocho envases de cerveza  desocupados y un cenicero a reventar.  Me disponía a cancelar la cuenta y abandonar el lugar, cuando llegó aquella mujer y se presentó como María.  Su rostro develaba unos cincuenta y cinco años bien cuidados. Me presenté le dije: encantado de conocerte, soy Javier.  Enseguida moldeó una sonrisa que dejó ver su tratamiento de ortodoncia.

La verdad no estaba encantado, mi mal humor por la espera, hacia que la percibiera  algo más vieja de lo que era, pedimos un par de cervezas y empezó la conversación que consideré sin sentido, el interés se había opacado hace mucho rato. Ella muy curiosa, preguntaba todo lo que podía acerca de mi vida, mis negocios y mis últimos amores. Era obvio que en esta cita a ciegas había perdido mi tiempo y mi dinero.

Deseaba abandonarla en ese mismo instante, decirle que la odiaba por su impuntualidad, por no ser la mujer de las fotos y por haberme engañado todo el tiempo en esa piche página de citas de pareja.

Las cervezas continuaron fluyendo, no sé en qué momento me deje engatusar y terminé en un hotel.  

Confieso que la seguí frecuentado y para no arruinar sus sueños, me enamoré perdidamente de ella. Seré sincero: no es encantadora, además luce siempre un peinado añejo y eso que tiene un salón de belleza.

 

Publicado la semana 41. 11/10/2020
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