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Humbert Monroe

Frascos

En el sótano de su casa, guardados en un armario, se encontraban doce grandes frascos llenos de alcohol de metanol mezclado con formaldehido, que impedía que las cabezas se descompusieran. 

Se deleitaba, al punto de excitarse, al observar las expresiones suplicantes, agónicas o a veces resignadas, cuando él empezaba a desprenderlas del cuerpo.  Su parte favorita era ver como algunas de las cabezas no alcanzaban la paz del descanso eterno. Cada viernes salía en busca de alguien que aportara su cabecilla para aumentar el coleccionario de anomalías. Casi siempre los hallaba en los bajos mundos. Dentro de su creciente lista se encontraban: asesinos, violadores predicadores, pornógrafos, músicos sin talento y personas que, según él, no aportaban nada nuevo a la humanidad. Su obsesión era tener la cabeza de un magnate, pero estos eran tipos difíciles de convencer, para llevarlos hasta su morada.

Los fines de semana se extasiaba sacando brillo a los cristales que exhibían su obra. Sentía que, por cada nuevo integrante del muestrario, contribuía un poco con la limpieza del planeta. En su optimismo por perpetuar aquel proyecto, había hecho un nuevo pedido de doce frascos más.

Publicado la semana 28. 09/07/2020
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