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Humbert Monroe

Los jueves

Golpeaban a mi puerta de una forma mansa y prolongada. Yo salía sonriente, muy perfumado y con la mejor disposición, las invitaba a que pasaran a mi sala. Creo que, en el vecindario, era el único que atendía a las predicadoras.  Muchos se preguntaban como un rockero, estudiante de diseño gráfico y fanático al Cannabis sativa, tuviera la paciencia para entablar conversaciones religiosas con aquellas mujeres.

Una de ellas era joven, inteligente, atractiva y bastante amable. La otra era una señora madura, curiosa e impertinente.  Ambas vestían de forma anticuada, con trajes estampados que llegaban hasta sus tobillos. Siempre cargaban paraguas y bolsos de piel oscura, en los que cabían, biblias y varios ejemplares de revistas. Ellas, tenían como objetivo evangelizar. Mi objetivo, era convertirlas a mi filosofía de vida libertina.  

La jornada transcurría, entre lecturas de pasajes bíblicos y ajustes a la fecha en la cual yo debería asistir al salón del reino de los testigos, para congregarme. Cuando terminaba la predicación, una de ellas me acompañaba hasta mi habitación para dedicarnos a mis caprichos mundanos, mientras que su compañera observaba silenciosa desde la puerta todo lo que sucedía. La juventud y la experiencia se mezclaban cada semana. Fue así como poco a poco me evangelizaron.

Publicado la semana 27. 04/07/2020
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