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Humbert Monroe

Sibila

Llegaron en tanquetas. Saltaron sobre el asfalto frio. Empoderados de armas y perros carabineros, cercaron la zona. Esa noche cumplían la orden de limpiar el sector y recuperar el control.

La luna llena, alumbraba la escena.  Algunos indigentes corrieron, en medio de la algarabía y el caos, pero solo fueron carne humana que alcanzaron los sabuesos. Al resto les esperaba una lluvia de palazos, choques eléctricos y culatazos.

Arrojé mi tabaco y me fui alejando, mientras soltaba una gran bocanada de humo. “Traigan a esa mujer” precisó el capitán que comandaba la operación.  Los perros aullaron, pero no se atrevieron a seguirme. Caminé más aprisa, pero me introduje en un callejón sin salida.  Se agruparon a la entrada. Una mujer policía se atrevió a expresar: “voy por esa maldita, está acorralada”.  Alumbraron con sus linternas. La oficial al ver mi rostro desfalleció, el resto de uniformados dispararon hasta agotar sus balas. Me esfumé en una carcajada macabra, que aún recuerda todo el escuadrón.

Publicado la semana 18. 29/04/2020
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I
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