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Humbert Monroe

Bohemia

No advirtieron mi llegada. Me senté en una banca del parque a terminar de consumir la botella. Ellos entonaban canciones acompañadas de instrumentos musicales. Deduje que eran estudiantes del conservatorio musical. Todos vestían de forma similar y parecían estar maquillados. Con las primeras canciones, me reanimé y bebí largos tragos. Me observaron a la distancia, pero continuaron con su algarabía. La madrugada se tornaba fría y nublada, un fuerte mareo se apoderó de mí ser, entre el sueño y la pesadez me pareció que los músicos adquirían formas y tamaños distintos a lo humano. Pensé en los efectos del licor, de seguro estaría adulterado. Luego vi cómo ellos se transformaban en siluetas de hierro que se removían. Sentí escalofrío. Detrás de mí, pasó el guitarrista quien se plantó en la esquina del parque. Al costado extremo cruzó un joven con su tambora. En la parte alta se encontraba el trompetista y el bongosero. Una flautista se posó sobre la grama. La última integrante  de aquel grupo se instaló frente a mi banca. Recuerdo haber escuchado de su violín una melodía triste y chatarruda, la miré y de sus ojos brotaron llamas. Hui del lugar. Jamás volví al parque de la música

Publicado la semana 10. 04/03/2020
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