08
Indigo_Dolphins

Una molesta compañía

Lola había muerto. No la escuché y al final se cumplió su profecía. El día del funeral la tuve sentada detrás de mí, susurrando en mi oreja. Se vino conmigo a casa y aquí está, desde entonces. Se ríe de mí, hace ruido por las noches en la cocina, apenas consigo dormir y si lo hago, me habla en sueños. Durante el día corrije mis textos; es una crítica feroz.

—Habrías sido una editora insufrible —le digo.

En dos semanas, no logro pasar de las cuatro páginas. Es una pérdida de tiempo. Esperaba aprovechar tu ausencia, todo el dolor, para avanzar ágil por la novela pero me equivoqué. El fantasma de Lola transforma el deseo en horror, en hastío y en culpa. Me lleva de la mano de una emoción a otra como quién saca a un ciego a ver el mar. Estoy tan cansada.

Lucas viene a visitarme. Es el único que lo hace. Mis amigas han desaparecido pero ya no me importa.

No le hablo de Lola, por supuesto, creerá que estoy loca. En realidad no le hablo de nada, me limito a responder a sus preguntas con monosílabos.

—¿Sabes algo de tu novio?

—¿Lograste contactar con Ariana?

—¿Has hablado al fin con Teresa?

No. Sí. Sí. Al final se rinde y me ofrece una transcripción exacta de su última entrevista de trabajo. Al parecer todavía está lejos su sueño de llegar a la Marvel. «Pobre iluso», susurra Lola. Le hago señas para que se calle sin que Lucas me vea.

 

Empieza a ser molesta. Le he pedido que me deje en paz, al menos mientras esté Samuel. Me distrae. Ha comenzado el curso escolar y he olvidado acudir a una tutoría. No, ni siquiera recuerdo haber sido convocada. Me he saltado la última revisión con el pediatra. Mi ex me llama para recordarme mis obligaciones como madre y tengo que callar, tragarme el orgullo y admitir que tiene razón. Lo que más me irrita es no poder ofrecer una explicación. Y la tengo, no es una excusa, esta maldita mujer no da tregua.

—Deberías tener en cuenta toda la marihuana que te fumaste gracias a mí, vieja bruja.

—Solo lo hacías por compasión. ¿Crees que no me daba cuenta?

—No me lo perdonarás nunca, ¿no?

—Oh, no me importaba. Durante unas horas no me dolía nada, me sentía joven de nuevo.

—Si no estás enfadada conmigo, ¿por qué no te largas?

—Porque me necesitas.

—Nada de eso.

—Me necesitas. Necesitas creer que estoy aquí para no pensar en él, para no encarar el hecho de que tal vez no vuelvas a verle y de que eres una cobarde. Te dije que me dejaras, que lo buscases, que debías seguir adelante. No escuchas. ¿Quién sabe dónde y con quién estará ahora? ¿Te habrá olvidado ya?

»¿Y que me dices de Ariana? ¡Menuda amiga estás hecha! La abandonaste en la carretera y luego en su dolor.

—Ari es fuerte. Además quería estar sola.

—¿Y Teresa? ¿También quería estar sola? Venga, atrévete a admitir que te importan un bledo, todos ellos. Solo te preocupa tu dichoso padre y esa obsesión tuya con el vacío. ¿Acaso no te das cuenta de que son la misma cosa? Tu padre se fue, os dejó a ti y a tu madre.

—¡No te atrevas a hablar de mi padre! —amenazo.

Me doy cuenta de la estupidez que resulta amenazar a un fantasma. Ella también y se echa a reir.

—Tu padre murió cuando tenías doce años. Llevas esperándole toda la vida, en vano. Y acabas de darte cuenta.

Escucho una especie de chirrido, una vibración rara que parece venir del pasillo. Abro la puerta para echar un vistazo y cuando regreso, Lola ha desaparecido.

 

Publicado la semana 8. 23/02/2020
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