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Indigo_Dolphins

La jirafa y el oso

 

Había una vez un hombre muy, muy peludo que coleccionaba cosas. La vida no le había tratado demasiado bien desde muy temprana edad debido a su problema. Ya se sabe, los niños son crueles, siempre dicen la verdad, no tienen cortapisas, todo eso. Sin embargo y pese a ello (y pese a quién pese), se había convertido en un gran hombre, fuerte e inteligente a base de resistir golpes y devolverlos con elegancia a base de buen verbo.

Había también una chica que lo amaba desde que el profesor la sentó a su lado en sexto curso. Era la chica más alta de la clase, la más alta del colegio y la más alta del barrio. Probablemente la más alta de la región y casi con toda seguridad, de las más altas del país. Otro objeto de burla de todas esas mentes enamoradas de vulgaridad. Su nuevo compañero la tomó de la mano y le susurró al oído:

—Eres la chica más bonita del colegio.

Él no lo dijo con otra intención que calmarla cuando los demás comenzaron a canturrear la que sería una de las frases de la temporada: “La jirafa y el oso” pero ella se quedó colgada de él y de sus ojos negros. Era su salvador.

(...)

 

 

—¡Buenos días! Hoy tengo un reto para ustedes, deben elaborar una historia según mis premisas.

—Eso no es un reto. Es una putada.

—¿Ya empezamos con las quejas? Veinte euros menos de sueldo, Ramírez. Así aprenderá a no interrumpirme. Como decía, mis premisas; el protagonista es un tío peludo que colecciona cosas. Y es muy inteligente. Y escribe. Y se ha propuesto ganar un premio literario.

—¿Un premio? ¿Cúal? ¿El Pulitzer?

—No, atontado. Ese es yanki y además es para periodistas.

—De eso nada, también los hay de literatura.

—¿El Cervantes? ¿El Goya?

—¡Qué ese es de cine!

—¡Yo que sé! Ese también es famoso, ¿no?

—Podría optar al Nobel...

—Sí, de medicina, no te jode...«Hombre oso descubre la cura para el hirsutismo. Los calvos están que se tiran de los pelos». Aquí no escribimos ciencia ficción.

—A mí me encantaría ganar el Planeta. Seiscientos mil euros, ¡qué pasada!

—¡Pueden callarse de una maldita vez! Hoy no cobrará nadie... y sigan así por favor, estoy ahorrando para irme de vacaciones a Thailandia.

—...

—Gracias. El premio sería algo más modesto y de por aquí cerca, el Alvaro Cunqueiro, por ejemplo.

—Es de teatro, jefe.

—Ramírez...que se la juega.

—A mí se me ocurre que podría empezar con algo así:

«Había una vez un hombre muy, muy peludo que coleccionaba cosas. La vida no le había tratado demasiado bien desde muy temprana edad debido a su problema. Ya se sabe, los niños son crueles, siempre dicen la verdad, no tienen cortapisas, todo eso. Sin embargo y pese a ello, se había convertido en un gran hombre, fuerte e inteligente a base de resistir golpes y devolverlos con elegancia a base de buen verbo»

»¿Qué les parece?

—No lo veo.

—¿Han dicho teatro? Teatro está bien, ¿por qué no? —Arruga el entrecejo—. Con unos buenos diálogos, una puesta en escena cuidada... Me gusta. Sí, escribirán una historia dramática sobre un escritor de obras de teatro, pueden darle el enfoque que quieran. La historia dentro de la historia, metaliteratura. ¡Es fantástico, una idea brillante! ¡Suerte que uno tiene talento, sino de que iba a vivir esta casa!

RAMÍREZ. — (Suspira y levanta el bolígrafo.) Ha dicho que coleccionaba cosas, ¿qué tipo de cosas?

JEFE. — (Molesto.) ¡Qué más da eso!

RAMÍREZ. —No sé, lo ha dicho usted, se supone que porque tiene importancia en la historia.

JEFE. —Sí, desde luego. (Se queda callado y pensativo un momento. Luego sacude la cabeza y se estira, recuperando su porte altivo.) Discurran ustedes, no voy a darles todo el trabajo hecho. (Mirando a su audiencia.) Bien, ya tienen al protagonista. Además tiene que haber un villano, su alter ego.

RAMÍREZ. —(Hablando por lo bajo.) Como no sea un calvo psicópata con fobia a los escritores sin talento...

JEFE. —El villano será un tipo encantador, risueño y alegre, pero en el fondo rencoroso, como todo buen villano.

GÓMEZ. —¿Y no puede ser un simple cabrón, como todos?

JEFE. —(Le da una palmada en el hombro, con aire campechano.) Gómez, ¿dónde estaría el desafío, entonces? (Se dirige al resto.) No, será un hombre adorable que solo pretende salvar al mundo. ¡Ah! Y blanco, esto es muy importante, deben dejarlo claro a lo largo de toda la historia.

(Se miran entre ellos, cada vez más desconcertados.)

GÓMEZ. —Debería haber una chica. Digo yo, para seguir con el cliché.

RAMÍREZ. — (Otra vez en voz baja.) ¿Cliché? Esto es un disparate, eso es lo que es.

GARCÍA. —Chssss, ¡que no dejan oír!

GÓMEZ. —¡Será pelota el tío!

GARCÍA. —¡Chssss!!!

JEFE. —Sí, la hay. La chica está colada por el escritor. Es una chica peculiar, con muchos complejos, es muy alta y eso le dificulta encontrar novio. Lleva mucho tiempo sola, tal vez siempre ha estado sola, no sé, creenle una historia.

GÓMEZ. —Podría ser huérfana.

PONTE. —O extranjera. Y unos gitanos la raptaron cuándo era pequeña y la vendieron a la mafia rusa para prostituirla. (Le da un codazo a Salvaterra.) Podía ser ucraniana, las de Europa del Este venden mucho.

SALVATERRA. —Sí, sí, ucraniana raptada al nacer. Y ahora sueña con encontrar a su familia y volver a su lado. Y el escritor la ayudará y al final lo consiguen y se van a vivir todos juntos a Kiev.

GÓMEZ. —¡Venga, con los suegros! ¡Qué planazo!

PONTE. —¿Por qué a Kiev?

SALVATERRA. —¡Joder, yo que sé! Es la única ciudad de Ucrania que conozco.

PONTE. —¿La conoces? ¿Has estado allí? Ni de coña...

JEFE. — (Gritando.) ¿Quieren dejarlo ya?

PONTE. —Lo siento jefe. Sólo comentaba con Salvaterra que él...

JEFE. —(Muy serio.) ¡No me interesa lo más mínimo! ¡Pónganse al trabajo! Les doy dos semanas.

RAMÍREZ. — (De nuevo con el bolígrafo en alto.) Perdone, jefe. ¿Podríamos hacer una recapitulación antes? Para tener clara la idea y eso...

JEFE. —Por supuesto. Pero hágala usted, Ramírez, yo estoy agotado. (Se masajea las sienes).

RAMÍREZ. —Bien. Tenemos por un lado un escritor/coleccionista con problemas de pelos en el lavabo que quiere ganar un premio de teatro.

GARCÍA. —¡El Alvaro Cunqueiro!

RAMÍREZ. —El Alvaro Cunqueiro. Gracias, García. (Suspira.) Avancemos. Una prostituta ucraniana larguirucha en poder de la mafia rusa que quiere volver con su familia.

PONTE. —Podía tener algún otro rasgo particular, por ejemplo una quemadura en el lado derecho de la cara. O tener un tono de voz demasiado alto y que la conociesen por un mote.

SALVATERRA. —No es mala idea.

RAMÍREZ. — (Sarcástico.) No, no. La chica aún no tiene la vida suficientemente jodida, tiene razón el amigo. (Se pasa la mano por la frente.) Bien, prostituta ucraniana gritona, perfecto. Y por último, el malo: un señor entrañable pero no obstante, resentido, BLANCO, (mira a su jefe y este asiente, satisfecho,) cuyo plan malévolo es salvar al mundo. Ya pensaremos de qué, yo propongo de la estupidez, pero ya lo hablamos. ¿Esto es todo, no?

JEFE. —Perfecto, Ramírez. Y ahora, si nadie tiene nada más que añadir...(Los mira levantando una ceja mientras empieza a recoger sus cosas.)

(Todos se ponen en pie).

RAMÍREZ. —Jefe...

JEFE. —(Suspirando.) Dígame, Ramírez.

RAMÍREZ. —No lo veo.

 

Publicado la semana 49. 15/12/2020
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Teatro
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