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Indigo_Dolphins

Paradoja

Abrió los ojos con lentitud. Una luz gris, mortecina, filtrada por las cortinas igualmente grisáceas, daba a su habitación un aire irreal, como si todavía se hallase dentro del sueño.

Reparó en la sensación cálida que tenía en el pecho y se arrebujó con el edredón, cubriéndose la cabeza. ¡Ojalá siguiera dentro del sueño! Corría y brincaba, se revolcaba por la hierba y reía. Y él reía también, lo hacían juntos, cogidos de las manos como cuando eran niños y la acompañaba a su casa, después del colegio; como cuando iban al cine y ella esperaba un poco retrasada a que él consiguiera las palomitas dulces que tanto le gustaban, aún así no la soltaba —pedía el maxicombo con dos refrescos de cola con el brazo estirado hacia atrás, pagaba y luego se las arreglaba para llevar los tres envases, apretados contra el pecho, con el otro—; o como cuando paseaban por las calles sin rumbo, fantaseando con este o aquel edificio que contendría el maravillosos apartamento con vistas en el que serían felices para siempre.

 

En el sueño, él reía con los ojos brillantes y ella bailaba alrededor con su vestido verde.

Cerró los párpados y los apretó fuerte. De repente, la calidez del pecho había desaparecido. Manchas de sangre en el vestido verde. Se incorporó. Apoyándose en los codos, se impulsó hacia arriba hasta quedar sentada en la superficie yerma y cruel de ciento cincuenta centímetros que era su cama y entonces la vió, inmóvil, aguardándola como cada mañana.

Él siempre la había tomado de la mano con ese gesto firme que no era posesivo sino de apoyo, la forma de prometerle que estaría a su lado en todo momento, y ella se sentía segura y vulnerable a la vez, una confusión de sentimientos que no entendió hasta el día que un coche a toda velocidad invadió el carril contrario. Él no pudo reaccionar a tiempo, pues llevaba su mano derecha entrelazada a la suya. Así, con el mismo gesto, rompió su promesa silenciosa y ella ligó su vida a la silla que ahora y desde hacía seis años, la esperaba junto a la cama.

Publicado la semana 40. 05/10/2020
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Song for Bob, BSO The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford
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