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Indigo_Dolphins

Ballenas azules

El mundo es un lugar feo. Feo y peligroso. Y por añadidura la gente se larga y te deja solo, ahí en medio de esa selva. Te abandonan. Así pensaba Lucas, un niño pequeño, a su edad.

Primero su padre.  Le dejó para irse a un lugar mejor. Eso fue lo que le dijeron. Con nueve años, él no entendió nada. Luego perdió a sus hermanas, a su madre, a su esposa y finalmente a sus hijos. Lo de los hijos le había dolido casi tanto como lo del padre.

Llevaba media vida ocupándose de ellos, desde que su mujer decidiera morirse nada más parirlos. Que no les faltara nada, que no les pasara nada, los estudios para no ser unos zoquetes fáciles de engañar, el trabajo, continuar con el negocio que con tantas dificultades logró mantener como legado, para que no dependieran de nadie. Y el día elegido, cuando iba a cederles todo cuanto poseía, no se presentaron. El notario quiso restarle importancia, sin duda para hacerle sentir menos estúpido y se sintió un miserable.

Lo último que supo de ellos fue que se habían ido al norte a buscar ballenas azules. Un destino lo más alejado posible de él, imaginaba, uno al que jamás acudiría.

¿Y ahora qué? Está solo. Se levanta, se asea, hace la cama. Toma un desayuno frugal —nunca le ha gustado comer por las mañanas—, siega el césped, recorta un seto, limpia por enésima vez sus herramientas. Después de comer, dormita delante de la tele y luego espía a sus vecinos, por encima de la valla de atrás. Por poco tiempo, se aburre enseguida. No son gente interesante, sus vecinos. Su casa es fea y su jardín también, desordenado, lleno de malas hierbas, se pone enfermo si lo piensa.

Cena ligero, hace un crucigrama y se va a la cama. Duerme unas horas. Despierta antes del alba y ya no puede volver a dormirse. Todavía falta mucho para la hora de levantarse, sabe que no dormirá, pero no hace nada al respecto, salvo quedarse tumbado mirando al techo, o a lo que cree que es el techo porque solo hay oscuridad. Y sin embargo le gusta. Ese intervalo sin luz, sin apenas sonidos le hace sentirse a salvo. El mundo deja de ser feo y peligroso por unas horas. Imagina que la muerte es algo así. Le gustaría creérselo. Se esfuerza cada día un poco más en creerlo.

Publicado la semana 35. 28/12/2020
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