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Indigo_Dolphins

EVA (5ª parte)

La multitud se volvió hacia ellos como un organismo único y comenzó a aplaudir. Todos sonreían. Había algo de ritual en su extraño comportamiento. Marco y Wilson avanzaron entre ellos, recelosos, hasta que repararon en las imágenes. Además de las escenas que ya habían visto, había otras nuevas. Auténticas. Episodios de sus vidas. Grabaciones, en realidad:

Confesiones de madrugada, Wilson algo pasado de tragos, Marco escuchando, paciente. Partidos de fútbol, Marco metía un gol y su amigo aclamaba. Timbas de póker. Intercambios de escritos y anécdotas los sábados por la noche. Wil en la ducha. Marco en el sótano con su secreto. Wil en aquel agujero en el que le gustaba escribir. Marco dormido. Wil haciendo el amor con Blanca.

Este buscó a Eva entre la gente. Se abrió paso a empujones hasta descubrirla apoyada en la pared, con su eterna sonrisa. Aquella maldita loca, bruja, demonio o lo que fuera, se había metido en su casa y llevaba al menos medio año espiándole. Sintió un escalofrío de terror y algo más, porque pensó que, de alguna manera, había tenido más intimidad con aquella desconocida de la que había tenido jamás con su novia. Su exnovia, se corrigió.

De nuevo sentía deseos de estrangularla pero también de besarla, o de besarla mientras la estrangulaba.

—Dijiste que iba a ser un juego divertido —gritó Marco, apareciendo tras él.

—Aún no ha terminado.

—Para mí, sí. Me largo.

—Cielo, ahora que venía la mejor parte...

—¿Para quién? ¿Para ti y tu pandilla de chiflados? Lo siento, no soy una atracción de circo.

—Claro que no —aseguró melosa—. Esta gente te adora.

—Marco tiene razón, eres una psicópata que se dedica a espiar y torturar a capullos como nosotros.

—Habla por ti, Wil, yo soy una buena persona —replicó Marco.

—Creo que ambos lo sois, aunque he visto ciertas... contradicciones. Por ejemplo tú, Marco. Trabajas nueve horas diarias, le das parte del salario a tu madre, visitas a tu abuelita cada semana y eres un vecino ejemplar. Y sin embargo tienes deseos e inclinaciones que no te atreverías a confesar ni a tu mejor amigo. Y en cuanto a ti —se giró hacia Wilson—, te lamentas de tu soledad y de que nadie te comprende, pero ¿qué me dices de esa chica a la que le partiste el corazón? Jugaste con ella como si fuera un objeto.

—¿Tú vas a hablarme de juegos?

De pronto se quedaron a oscuras.

Ninguno de los dos pudo precisar cuánto tiempo permanecieron así. Ensimismados y desorientados, las tinieblas abrigaron sus pensamientos.

A Marco le comía la vergüenza. Se consideraba un ser sociable y amistoso pero tenía una parcela privada a la que no dejaba entrar a nadie. Nunca. Bajo ninguna circunstancia. Y ahora había quedado expuesto. No tenía ni idea de cómo ni por qué aquella chica de apariencia dulce y frágil pudo conseguir semejantes imágenes y hacerlas públicas, pero ya no le importaba. Se sentía tan débil que no tenía fuerzas ni para vengarse. Solo quería desaparecer.

«Todos tus deseos se harán realidad», dijo la voz en su cabeza. Algo se movía en torno a él, sentía como flotaba y le susurraba dulcemente: «Ven conmigo». Estaba tentado de hacerlo, abandonarse, fundirse con la sombra. Iba a decirle que sí cuando se hizo la luz.

Publicado la semana 26. 16/07/2020
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