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Indigo_Dolphins

EVA (3ª parte)

Al abrir los ojos, Marco estaba inclinado sobre él.

—Nanito, esto no me gusta —le dijo, preocupado.

Se hallaban en el exterior, flanqueados por dos muros de hiedras retorcidas y enroscadas mil veces sobre sí mismas, tan altos que sería imposible trepar por ellos. No había rastro de la entrada, los dos muros finalizaban en la pared que tenían detrás. Al frente, torcían a la derecha. Solo les quedaba avanzar. Doblaron la esquina para ver como los muros giraban, esta vez a la izquierda y llegaron a una bifurcación. No había duda. Se encontraban en un laberinto.

Llevaban un rato caminando, cuando volvió a asaltarles el olor a podrido. No era tan intenso pero se trataba del mismo, sin duda.

—Puede que haya un cadáver cerca—sugirió Wilson.

Marco guardaba silencio. Aquello que Eva había dicho le había disparado una alarma y la agitación crecía en su interior. Se paró y escuchó. Nada.

Reanudaron la marcha. Cada vez costaba más. El sol ardía sobre sus cabezas y reflejaba la luz de tal manera que apenas podían ver. Era como estar dentro de una fotografía sobreexpuesta. Y el calor... La ropa se le pegaba al cuerpo como una húmeda carcasa que le dificultaba el movimiento, el sudor le corría por la frente. Se quitó la camisa y se la anudó a la cabeza como un turbante.

Cuando su amigo no miraba, echaba un vistazo a su espalda. Estaba convencido de que les seguían.

Wilson maldecía por lo bajo. Si no hubiera salido de casa, ahora no estarían en esta situación. Pelear con un insomnio recurrente, cuestionarse su talento, añorarla una vez más o incluso la autocompasión alcohólica, cualquier cosa sería preferible a morirse de sed en aquel galimatías vegetal.

—Wil, ¿has oído eso?

—¿Oír qué?

—No lo sé. Parecía una rama que se rompía.

—Pues eso habrá sido.

—Si aquí solo estamos tú y yo...

Una risa aterradora le interrumpió y algo cruzó como un rayo por detrás. Se giraron pero no vieron nada salvo unas hojas en el suelo. Fuera lo que fuera, era pequeño y había atravesado el seto. Apenas ni se miraron, se escucharon pasos apresurados al otro lado, como chiquillos a la carrera. Salvo que no eran chiquillos. La risa volvió a oírse, ahora acompañada por otras, igual de grotescas y espeluznantes.

Estaban burlándose de ellos.

Más pasos en el muro de enfrente, ¡querían cercarles! Echaron a correr, parecía que los dejaban atrás. Y de pronto un sonido más fuerte, como un gemido que surgiera de la tierra misma y ahí estaba otra vez, el espantoso hedor, más azufrado que nunca.

Algo golpeó la mano de Marco y se escurrió entre sus piernas, haciéndole caer. Wilson se detuvo a ayudarle. Otro de aquellos seres le arañó la espalda.

—¡Corre! —gritó Marco—. ¡Corre como no has corrido en tu vida!

—¿Qué sucede?

—Sé lo que es, lo que viene a por nosotros.

—¿Cómo...?

—Yo he escrito sobre esto. Es una de mis criaturas. ¡No mires atrás y CORRE !

Publicado la semana 24. 16/07/2020
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