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Indigo_Dolphins

EVA (2ª parte)

Con las manos en las caderas y un mohín en los labios, les estudió de arriba a abajo en cuanto estuvieron a su altura y luego sonrió.

—¡Bienvenidos, chicos!

Les guio por el pasillo hasta una sala atravesada por anchas columnas revestidas de pantallas de plasma. Varias personas se movían alrededor, si bien daban la impresión de que, más que interesarse por las imágenes, representasen un papel. El papel de espectadores.

—¿Te suena algo? —dijo ella, dirigiéndose a Wilson.

Él miró a todos lados pero no supo que contestar.

—A mí, sí —dijo Marco—. Son tus relatos, películas de tus relatos. Esa es Crack y esa de ahí es Habitación 01 y esa otra Apestados. Y apostaría a que aquella del fondo es La mujer oscura.

Wil miró con más atención y comprobó que su amigo estaba en lo cierto. Todas las pantallas proyectaban alguna escena escrita por él. Pero aquello no tenía sentido. Él no había cedido sus textos a nadie y tampoco podía tratarse de un robo de propiedad intelectual porque algunos ni siquiera estaban publicados y tan solo los más allegados, como el propio Marco, los conocían.

—¿Qué significa esto? ¿Qué es este lugar?

—Es extraño que no lo sepas, con las veces que has estado aquí. Te he visto. Curioseas, te metes donde no debes, hablas con alguna chica. Bebes. Diría que incluso demasiado. ¿Qué te ocurre? ¿Has perdido tu magia?

—¿Quién eres? —Tenía ganas de agarrarla por el cuello y apretar.

—Calma. Las respuestas llegarán a su debido tiempo —Sonrió desafiante, como si le leyese el pensamiento—. Por el momento podéis llamarme Eva.

Dio un pequeño saltito y se dirigió muy resuelta hacia el extremo más alejado de la sala, donde había otra puerta, y desde allí les hizo un gesto con la cabeza para que se acercaran.

—Esto es sobre todo para ti —le susurró a Marco, colgada de su brazo—. No puedo acompañaros pero espero que disfruteis.

Abrió la puerta, les invitó a entrar y cerró tras ellos.

Solos en la oscuridad, escucharon un murmullo, como si algo gelatinoso se escurriese por las paredes. Marco alargó el brazo y enseguida lo bajó, sobresaltado. Lo que tocó, palpitaba. Distinguieron un débil resplandor anaranjado en lo que, imaginaban, sería el fondo del pasillo y avanzaron hacia él a trompicones, con el extraño murmullo como ruido de fondo. De pronto les llegó el olor. Olor acre a putrefacción, que hacía picar la garganta. Marco se tapó la nariz y Wilson reprimió una arcada. El sándwich de pollo que había tomado para cenar, amenazaba con salir en cualquier momento y además empezaba a tener claustrofobia. Echó a correr sin preocuparse del viscoso sonido o el origen de aquella peste. Solo quería salir de allí. Tropezó, chocó violentamente contra algo y cayó.

Publicado la semana 21. 16/07/2020
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