07
Emeberis

Touché

Aquella sonrisa me volvía loco, aunque no era mi prototipo de chica. En realidad, me parecía del montón. Nos conocimos en las sesiones de rehabilitación. Yo no podía andar después del accidente, ella había perdido el brazo derecho. Era una mujer diferente a las que había conocido anteriormente, hablaba con pasión de los libros que leía, de las exposiciones que visitaba, del teatro que le reconciliaba con la vida, y a mí todo eso siempre me había parecido un rollo. Por momentos, creía que todavía contaba con dos piernas con las que bailar en las discotecas o con las que salir a correr en cualquier momento. Todavía podía sentirlas. Pero no podía moverlas. Y lo echaba tanto de menos. Maldecía mi suerte.

Ella me dijo un día:

—No desesperes.

—¡Qué no desespere! Si estoy condenado a esta silla de ruedas de por vida.

—¡Hay cosas peores!

—¡Peor, aún!

—El físico no lo es todo. ¡Mírame! Soy una mujer discapacitada, manca, una mujer al 60%, sí, es cierto. Peleo a diario para valerme con la zurda. Y me cuesta. Claro que me cuesta. Sin embargo, todo lo que quiero hacer se cuece primero en mi cabeza. Así que deja de victimizarte y céntrate en cómo hacerlo posible.

Touché. Me eché para atrás en la silla como si me hubiera empujado. A través de los ventanales de la sala de espera se distinguían las nubes, frondosas y grises. Nos quedamos callados los dos, mirándolas. Yo ya no podía sacarme a esta chica de la cabeza. Tenía que hacer algo. «¿Aceptaría una cita? ¿Un café, un cine? ¿Y si me dice que no? ¿Qué obra de teatro le gustaría?».

Carraspeé antes de volver a hablar.

Publicado la semana 7. 13/02/2020
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