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Emeberis

Escena de Interior

Desde la cocina, Jetta observa la vista cuadriculada de Delft a través de los cristalitos de la ventana. El cielo salteado de nubes plomizas y en el canal el reflejo de los edificios oscuros como si otra ciudad bien distinta existiera bajo las aguas. Descansa un momento en su quehacer diario. Se pasa el brazo por la frente. La claridad le ciega un poco. La luz es quisquillosa y se cuela por todos los recovecos. Agacha la cabeza para derramar la leche recién ordeñada sobre el cuenco. Hoy el señor quiere pain doré para desayunar y lo quiere ya. Se seca las manos húmedas en el delantal azul que cubre su falda roja y se dispone a cortar unas cuantas rebanadas más de pan con el cuchillo afilado.

 

Le ha costado mucho levantarse al amanecer. Hacía frío y las manos se le cuartean al ordeñar a las vacas a diario. Se ha abrigado con el corpiño amarillo de manga larga y tosca lana. Sobre la cabeza el pañuelo de algodón blanco manoseado. A medida que avanza la vida, se da cuenta de que el cuerpo no es más que un estorbo, le pesa su existencia. Otra vez ha tenido el mismo sueño. Posa de perfil para el maestro, ataviada de un precioso turbante de seda azul sobre la frente que cae por encima del  hombro en tonos amarillo limón y deja entrever el destello gris perla que cuelga de su lóbulo izquierdo. La dulce mirada, la misma expresión de serena juventud. Ella es la mujer del retrato.

 

Hunde el cuchillo en la miga con saña aplastando el pan. Las facciones del rostro tensas. Recoge del fuego las primeras rebanadas de pain doré. Y cuando termine limpiará las verduras y el pescado mientras se hornea la tarta de arroz. Coloca una cazuela con  agua a calentar. Con el gesto contenido dirige la mirada de nuevo a la ciudad. Algunos rayos de sol, se abren paso a través de las nubes, como si fuera una señal de Dios designando a los elegidos; el muro amarillo, el campanario de la iglesia, los tejados del fondo. A ella también le hubiera gustado ser elegida. Y cierra los ojos y revive con agrado el sueño bajo la colcha «Yo soy la mujer del retrato». Un soy que nunca será.

 

—¿Viene el desayuno? —grita el pintor desde el descansillo de la escalera del primer piso.

 

«Nacer criada y morir criada». El haz de luz traspasa la ventana de refilón y barniza la escena. Jetta no soporta tanta claridad, le pone nerviosa como si corrieran burbujas por las venas. Coloca el pain doré, dos cuencos de leche y los cubiertos sobre una bandeja, guarda el cuchillo en el bolsillo de la falda. Sube las escaleras con lentitud para no derramar la leche por el temblor de las manos. El taller del señor está al fondo del pasillo y la puerta entornada. La empuja con la bandeja. El pintor de espaldas a ella y su musa de frente. No se percatan de que Jetta acaba de entrar. Deposita la bandeja en la mesita de la entrada y se queda quieta frente al lienzo. Las burbujas en las venas corretean deprisa.¡Que desazón! Aborrece esa tranquila belleza que ya se esboza sobre la tela. Acaricia el cuchillo en la falda del bolsillo y lo eleva por encima de su cabeza. Los ojos de la musa cambian de posición y se encogen del susto. Escucha un grito cuando se abalanza sobre ellos. Jetta se regodea con unas cuantas puñaladas.

 

Al salir de la habitación recompone su tocado y desciende las escaleras hacia la cocina. Los ojos vidriosos. Se acerca de nuevo a la ventana y en su delantal azul, limpia las manchas de pintura fresca del filo del cuchillo. A través de los cristalitos de la ventana, las nubes amenazan lluvia inminente como las pisadas contundentes que bajan por las escaleras y que vienen ya en su busca.  

 

—¿Estás loca?

 

El pintor entra en la cocina con un pequeño cuadro que muestra a Jetta. Un esbozo de una mujer vestida con el corpiño amarillo de tosca lana de manga larga y con un tocado de algodón blanco manoseado mientras vierte leche sobre un cuenco.

 

—Lo llamaré Criada con cántaro de leche.

 

Llueve sobre Delft y en la cocina el agua del fuego borbotea.

 

Publicado la semana 42. 17/10/2020
Etiquetas
Sebastian Bach , Criada con cantaro de leche, Vista de Delft, La muchacha con el pendiente de perla de Vermeer
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