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Emeberis

Cuerpo a Cuerpo

Al amanecer, Sandra se embadurnó la cara con una buena capa de maquillaje, como si se colocara una máscara. En el espejo descubrió a una mujer más delgada de ojos consumidos. La enfermedad de Juan le había pasado factura. Aunque él se llevó la peor parte. Salió a la calle mientras los niños dormían. Llovía. Fuerte. Iría andando. Así, ahorraría el billete del metro. No aceptó las migajas que los directivos de la explotación minera le ofrecían por no denunciarles. Prometió a su marido que los llevaría a juicio. Y en esas estaba. David contra Goliat. Notó el agua colarse a través de las botas desgastadas de piel de avestruz. Empezó a tiritar, el chubasquero no calentaba como el abrigo de piel de napa que tuvo que malvender. Pasaría el trance y volvería a casa lo más rápido posible, antes de que los niños despertaran. Cuando llegó al Banco de Alimentos, la cola daba la vuelta a la manzana. Cubriéndose con el paraguas, se colocó resignada la última de la fila. Aguantó más de dos horas bajo el chaparrón.

—Dos hijos pequeños, viuda en paro —dijo.

—Sólo queda arroz. Vuelva mañana. Lo siento —contestó el voluntario.

Sandra, empapada, supo que había llegado el momento de conseguir dinero fácil.

Publicado la semana 39. 25/09/2020
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