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Emeberis

In Memoriam

Nos quedamos quietos en el malecón con los cubos en las manos mientras contemplábamos impresionados aquella mole varada sobre la arena. Julen, nuestro maestro, desahogaba la boca del animal de plásticos y cuerdas. Nos hizo señas para que nos acercáramos. Bajamos a la playa con cautela. Julen nos distribuyó en dos hileras hasta la orilla, a través de la cuales iban y venían los cubos llenos o vacíos de agua. No había nada que hacer, pero en aquel momento todavía no lo sabíamos. El cetáceo respiraba con mucha dificultad. Tras varios intentos,  me atreví a acariciarle y me sorprendió lo suave que era. Agonizó durante horas. Se nos murió allí mismo y ese fue mi primer contacto con la muerte en mi vida. Julen no tenía brazos suficientes para consolar a tanto niño.  Aquel día la experiencia ganó al conocimiento y comprendí que mi vida ya tenía un propósito. Por ello, dedico este premio que me hace tan feliz, a mi mentor, a la persona que inculcó el amor por los animales y la conservación del medioambiente. «Querido Julen, allá donde quiera que estés, ponte corbata por una vez, que nos han dado el Nobel».

Publicado la semana 37. 11/09/2020
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