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Emeberis

La Refriega

Lidia teclea sin descanso. La rotativa cierra en media hora. Ha recopilado todas las pruebas. La fiscalía anunciará mañana la imputación del Director de Caja Norte, Román Montero, por presuntos delitos de apropiación indebida y falsedad documental. Cada palabra cuenta. Lidia traga saliva.

—Date prisa chavala —dice Miguel del área de deportes mientras hojea la revista de coches.

La luz de la redacción parpadea y cada cierto tiempo suena un crujido como si estuviera achicharrando mosquitos.

Las voces se acercan desde la recepción. Colmenares y su nueva novia aparecen tras los cristales. Entran sonrientes, achispados, ella con su vestido rojo de noche y él con el esmoquin.

—¡Cómo va eso, señores! ¿Lo tienes ya, Lidia?

—Acabando.

—Envíamelo.

La del vestido rojo se tambalea un poco, dice que quiere vomitar. No llega al baño y lo echa todo en el pasillo.

—No se la puede sacar de casa. Lidia pégale un fregado al suelo.

—¿Perdone?

—Que limpies esa porquería y de paso prepara una manzanilla a la rubia y a mí un café bien cargado. Miguel ¿quieres algo?

—Un cortadito.

—No soy su criada —responde Lidia, tajante.  

—¿Cuándo te toca renovar el contrato, listilla?

Lidia entra en el estrecho office con los puños apretados y resoplando. Llena un cubo con agua y saca las tazas con ganas de estamparlas contra el suelo. Un par de escupitajos en cada café, de eso sí que no se libran. Rebusca en los armarios y encuentra la lejía bajo el fregadero. Mete las capsulas en la cafetera, saca la leche de la nevera. Vierte a chorros media botella de lejía en el agua, zarandeándola con rabia. Con la lejía en la mano mira las tazas. Se le ilumina la cara.

—¿Viene ese artículo? —grita Colmenares.

Lidia deposita los cafés en la mesa de Colmenares y se dirige a su ordenador. Cierra el archivo, saca el pen drive con cuidado y lo esconde en el bolsillo del pantalón. Coloca la mochila sobre su espalda y se apresura a salir por el pasillo de la redacción con el mejor artículo que ha escrito en su vida.

—Buen provecho señores y tú, chica, deja que lo limpien ellos.

 

Publicado la semana 32. 07/08/2020
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