31
Emeberis

Desencuentro

Busco una farmacia. La más cercana está al final de la avenida. El médico me ha forrado a recetas para el tratamiento. No quiero pensar en ello.  Ni en lo que puede pasar. Lo que me preocupa ahora es encontrar la dichosa farmacia.

Esa chica, ¿es Miriam? Aparto la mirada. Por encima de los arboles una masa gris ceniza. Se ha echado la bruma, también en mi cabeza. Me entretengo mirando los escaparates.  Los maniquíes lucen ya la nueva temporada, viajes exóticos a Tailandia, Papúa y Nepal, huelo a café. Si. Es ella. Viene de frente. Descarto el impulso de doblar la esquina, como alguien que escapa. ¿De qué? Me chivaron lo de su embarazo. Los rasgos de la cara le van brotando, como unos trazos que se van haciendo precisos. Su cercanía me pone tensa. Me ha visto ¿Qué hará? ¿Saludará? ¿Se parará? ¿Podremos hablar?

Pienso en una estrategia. Hacer como si nada. Giro la cabeza. La mesa con el mantel de lino y las copas de cristal fino. Recuerdo que tengo que comprar un mantel. ¡Qué pena no haber anotado las medidas de la mesa! La ola se me echa encima. Miro de reojo. Tanteo. Quizás un leve gesto y continuar ¿A quién molesta un saludo? Más olor a café. Me da energía. Voy hacia ella.

—¡Miriam!

—Si.

—¡Enhorabuena!

—¡Aja!

—¿Contenta?

—¡Pues claro!... ¡Cómo voy a estar! Feliz. Muy feliz. Mucho —protesta apuntando la cabeza al cielo

—Me alegro. Otro niño, ¿no?

Silencio.

—Que vaya todo…

Y antes de que pueda terminar la frase, se va. Golpea a cada paso la punta afilada del paraguas contra la acera, con saña. Envuelta en bruma, su melena desgarbada se cuartea y el abrigo azul se decolora hasta volverse casi transparente.

De nuevo, percibo el olor a café, los susurros urbanos, el ajetreo de la carretera. Una mujer me roza al pasar y me dice: «Perdona». Descubro, por fin, la cruz parpadeante verde y roja ¡Qué alivio!

Publicado la semana 31. 01/08/2020
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
31
Ranking
0 56 0