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Emeberis

Mata Mua

Al atardecer los jóvenes se adentraron en la selva. A golpe de machete iban abriéndose paso a través de la exuberante vegetación. Al pie de la Montaña Negra, depositaron las cestas repletas de fruta y de hojas de Kava en el suelo. Subieron al altar y destaparon al Ídolo de su cobertura vegetal. Esculpido con la cabeza hacia atrás tenía los huecos de los ojos escondidos dentro de la piedra tras una prominente nariz.  Los chicos con los torsos desnudos se remojaron la cara y el pescuezo en la laguna. El agua ronroneaba al caer por la cascada, las aves exóticas aleteaban y trinaban nerviosas por la extraña presencia humana. Los jóvenes hicieron fuego y quemaron hierbas. El humo entraba en sus cuerpos como una mecha que electrizaba la piel. De las hojas de Kava extraían un jugo que iban depositando en pequeños cuencos de madera que pasaban de mano en mano y de los que todos bebían contentos, ensimismados y atolondrados a la vez que cantaban y bailaban en torno al Ídolo. Las chicas envueltas en sus pareos de seda de colores ensartaban las flores en guirnaldas y las colocaron sobre los hombros de los chicos.

 La ceremonia comenzó cuando todos los jóvenes ofrecieron al Ídolo sabrosos trozos de papaya, mango y piña que ellos mismos degustaban y cuya carne se deshacía en sus bocas,  el jugo deslizándose por la comisura de los labios. El ídolo mantenía el gesto desafiante.

Anochecía y plantaron en el suelo  algunas antorchas en forma de  círculo. Los primeros temblores de la tierra no los sintieron mientras bailaban. Ellas y ellos se entremezclaban, se acariciaban. La piel tersa, tiraba. Cuando los temblores fueron más fuertes apenas podían mantenerse en pie. De la montaña Negra brotó un chorro de fuego. Subía la temperatura. Los jóvenes tumbados, algunos ya medio dormidos no estaban en condiciones de escapar. El manto de lava los envolvió, así tal cual estaban. El amasijo de huesos y piel pronto se convirtió en roca humeante. El Ídolo alumbrado por el fulgor de la lava al deslizarse por la selva, esbozaba una siniestra y roja sonrisa.

Publicado la semana 27. 05/07/2020
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Cuadro de Paul Gauguin "Mata Mua" de 1892. , Al atardecer
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