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Emeberis

Cinco Minutos

In Memoriam A.I.U

La melodía del móvil interrumpió el trino entrecortado de los gorriones. Miré a Diana que estaba desplomada en el sofá descansando. «Del hospital». Solté el libro que llenaba las horas muertas durante el confinamiento.

—Ha empeorado —dijo aquella voz distante pero amable—. Es probable que no pase de esta noche —continuó la médica—. Si lo desea dispone de una visita de cinco minutos para despedirse. Dese prisa.

Me llevé las manos a la cabeza. Diana me abrazó con cuidado. Después colocó las dos manos sobre su enorme barriga y dijo:

—Dile que se llamará Valeria.

Durante el trayecto al hospital me preguntaba «¿Qué le digo? ¿Qué se dice en cinco minutos?». No recuerdo cómo llegué.

Entré en la habitación despacio. Mi madre abría y cerraba los ojos. Respiraba con dificultad. Sonrió al escucharme hablar. La enfermera me permitió una pequeña caricia de látex. Tras la visera protectora me resguardaba para que no me viese llorar.

—Se va a llamar Valeria, como tú —dije empastando la voz contra la mascarilla.

Mamá abrió mucho los ojos verdosos y movió sus dedos para juntarlos con los míos.  Y cuando dejó de moverlos, su sonrisa seguía ahí.

—¡Mamá, espera! ¡Mamá!

El personal sanitario me apartó al instante con el aplomo inevitable de la costumbre. Montones de palabras aprisionadas que se hubieran liberado con un beso, un beso confinado para siempre, un beso que como yo era un estorbo.

—Espere por favor en la sala, enseguida le explicaremos el protocolo.

Pertrechado con el equipo de protección me dejé caer en esos asientos incómodos de plástico gris. Me sentía ridículo y extraño, fuera de órbita. ¿Y ahora qué?

En ese instante, el móvil cosquilleó en el bolsillo.

—Cariño, Valeria está en camino.

 

Publicado la semana 23. 07/06/2020
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