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Emeberis

Ficción

Anochecía. El cielo salpicado de nubes se reflejaba en el agua como un espejismo. La pantalla se teñía en distintas gradaciones de rojos, amarillos y naranjas. Una estampa digna de Turner. El protagonista remaba con cautela para hacer el menor ruido posible y no ser descubierto. En cuanto alcanzara la otra orilla podría perderse en el bosque pantanoso y buscar refugio. Su pelo negro ondeaba levemente por la brisa del atardecer y el agua borboteaba tranquila a cada palada.  Los músculos de la cara mostraban tensión y movía la cabeza en dirección a los trinos de los pájaros o al roce de las hojas de los árboles. El sol lucía con fuerza antes de acostarse, en una especie de morir matando. Ante aquel derroche de luz, apenas podía mantener los ojos abiertos. Hacía calor. Noté un par de gotas de sudor que se resbalaban por mi frente. Estornudé. El protagonista giró su cuerpo hacia mí con una mirada asesina y me susurró «Cállate». Tenía un remo entre mis manos. El confortable sillón de la sala de cine había desaparecido y estaba sentado en el estrecho e incómodo banco de madera de la canoa.  Me sentí desorientado y grité con todas mis fuerzas, «Déjenme salir».

Publicado la semana 18. 01/05/2020
Etiquetas
Cuadro de JMW Turner " Puesta de sol sobre un lago". 1840
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Género
Relato
Año
I
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