07
Juan Letrastero

"Una palabra y cien silencios"

SILENCIO-  _ _ _ _ _ _ _ _
UNA PALABRA (entre tantas)- Hola... ¿Me oyes?.
SILENCIO- Te habla el silenciador automático de la voz. En este preciso instante _ _ _ _ _ _ _ _  se encuentra de callada presencia. Deja tu extenso mensaje al notar que me callo, o tu voz rompa el _ _ _ _ _ _ _ _ _ , que viene a ser lo mismo.
UNA PALABRA (entre tantas)- Nada, era simplemente para ver si querías conversar un rato, pero ya veo... Bueno, es que en realidad iba a llamar a la ausencia, pero ésta no tiene ni contestador. Entonces se me ha ocurrido marcar tu número, a ver si sabías algo de sus difuminadas desapariciones... pero creo que tampoco me servirá de mucho. Entre sus fugas, y que la compañía le intimida... aunque no sé qué voy a decirte que tú no sepas de sus perdidos pasos. Esa enemistad dividida que se gasta con la presencia tiene mucho peligro, y me preocupa; saltan más chispas entre ellas que en los astilleros del averno, no exagero. Es lo que tienen los polos opuestos... todo y que la irreverente neurona solista, sigue escupiendo sus frases de flaqueza a la que puede; las recita sin rima y sin pausa, y lo hace desde que besa con lengua las catenarias de alta tensión por las que circulan los calambres de su impaciencia. La verdad... hay que echarle valor, eso no lo hace cualquiera, no.
A todo esto, que ya me voy por las ramas. Yo sigo igual, dejándome hilar con las de mi camada. Viajando de folio en folio y sin salirme de los márgenes que me marcan para subsistir decentemente. Aunque a la que se despistan la sensatez y la formalidad aprovecho y les hago el salto. Garabateo cartones con el sudor que me regala la fiebre, y revoluciono al mercurio por las entrañas del termómetro, igual que un insomnio macerando en el estómago de un aljibe lleno de café.
Supongo que todo va bien... o eso quiero creer. Aunque reconozco que inconscientemente nos difrazamos de palabrería complaciente en determinadas ocasiones. Algo de desparpajo tenemos, sí... o de abierta exteriorización mejor dicho; un teatro improvisado y envuelto en el papel de regalo de una actuación imprevista. Pero no te creas el argumento, que el guión se aprende de boquilla. Sabido es por los cinco sentidos que a la hora de expresarnos en las montañas del sentimiento, miramos fijamente al suelo y nos quedamos inmóviles, mientras una sonrojada mudez nos pone el antifaz de las miradas huidizas. Empujándonos violentamente para que saludemos al público que nos cubre con la vista, en un abrir y cerrar de telón.
Tampoco dejamos en la calle pasando frío a nuestros "hobbies", no... eso nunca. Los mantenemos a la sopa boba por un claro y desinteresado guiño a sus juegos altruistas; hirviendo a las letras en la cacerola de la tozudez hasta que burbujea la imaginación. Da lo mismo si aportan suficiente sentido, o no... vete a saber... las frases que peor lo llevan son las escarbadas del recuerdo, pero... no todo van a ser sonrisas. De segundo plato nos nutre la mano nerviosa con mil historias de corazones flameados que trae en bandejas sangrantes, y esos refritos de líneas quemadas con tinta cuajada de guarnición. Un menú de pulsaciones saludables, que ayunan cada jornada para ser cada vez más ágiles en los marcajes dactilares.
Así constantemente. No te digo nada...
Seguimos con las axilas irritadas, y los hombros enrojecidos por el peso de las mochilas cuando nos vamos de excursión por las páginas de algún cuento. No paso por alto el que nos dividan en grupos y nos transporten en nueve dedos... Sí, sí, en nueve, lo has oído bien. Y es así porque el pulgar de la zurda nunca tuvo tecla ni espacio que tocar. Se conforma con ser la gasa que desempaña el iris de los ojos. Definitivamente es su escudo ante las patadas que le propina a traición el sueño.
Las ideas... uf... no sé si se quedan en las pruebas preliminares de los proyectos, o sencillamente no logran la marca necesaria para superar el corte y pasar a la final. Pero por si acaso, entre entrenamiento y competición se dejan dopar. Les inyecto suavemente disimuladas dosis de helio por vía oral. Así dejan pasar el aire entre las sílabas de los párrafos clavados al tartán, y consiguen saltar las vallas mirando hacia atrás con un desenfado aireado pero de mueca inofensiva.
SILENCIO- Batería baja...
UNA PALABRA (entre tantas)- Cambiando de tema... el otro día me obligaron a reunirme en tomos de discursos oficiales con unas de mi especie, que no raza eh. Las palabras de rigor se hacían llamar... ¡Hay que joderse!. A estas alturas verse en estos fregados. Resumiendo, que me perdí por la atmósfera evasiva unos largos minutos; dándome golpes contra los muros invisibles que grafitean a escondidas las frases hechas. ¿Y todo eso para qué?, me preguntaba yo. Estaba claro que la incógnita de la ecuación, no era otra que estrellarme contra un globo sonda de verborreas, buscando infructuosamente vida en el lado inhumano del "Planeta Engaño". Sólo te digo que después de soltar amarras de la estación superficial con denominación de origen se partió el timón en dos... Shhhh... que no se enteren, pero no era de titanio... ahora lo puedo afirmar, muy falso... a mí no me la dan. Todo vale con tal de soltarnos entre las compuertas labiales, previo paso por la antesala dental, y sus esculpidos incisivos de punta limada.... no va a variar, ni mucho menos, nuestra opinión sobre el trato vejatorio al que nos someten las oraciones inacabadas y camufladas de cariño, pero con carencia de significado sincero al final.
Menuda parrafada te estoy soltando eh,  pero es que mi voz sigue sin crujir, aunque la mente ya tiene agujetas y pide su descanso calmado de tranquilidad. Pero ya queda poco para que pase la nube que abriga el horizonte en este atardecer. Y puntual a la hora de la puesta de sol; miraré hacia arriba, y volveré a ver esa constelación de palabras que se clavan en fila formando frases figuradas. Una detrás de otra... las vacías, las de apoyo, las de consuelo, las necias, las de amor, las sin sentido, las sinceras, las que se dicen con la boca pequeña, etc, etc...
¡Ah!, y las que nunca se dicen, ni se escriben, porque esperan pacientes su turno de pronunciación, o escritura. Les haré de Lazarillo si quieren pasear, no vaya a ser que tropiecen sus ciegos trazos. Acto seguido, les ataré unos sacos de arena a los tobillos...  para que no se las lleve el viento, evidentemente... doy mi palabra (una de tantas).
SILENCIO- Batería agotada...

Publicado la semana 7. 13/02/2020
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
07
Ranking
0 10 0