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Juan Letrastero

SOLAMENTE SOMBRAS... SOLAS

    ¿Qué podríamos ser de mayor?

    Ninguna respuesta a mi pregunta. Esperé diez segundos, y de forma reiterada, miré a todos los ocupantes del vagón, hasta que del fondo se levantó una silueta ensombrecida. Con un tono de voz firme, segura y rascada, contestó tapándose la cara con la bufanda:

    ¿De mayor? Muchas cosas y ninguna. Podríamos encargarnos simplemente de enroscar los tornillos del ánimo ajeno con las tuercas hexagonales del desvanecimiento… intermitentemente. Abandonados despiadadamente por las fuerzas de flaqueza. Aunque, aflojar bombillas en casa ajena, liberando a los interruptores del cambio de estado, nos resultaría bastante motivador; del "on" al "off”, sin necesidad de mover otro dedo que no sea el propio.

    Por no decir lo gratificante que sería engrasar las cadenas de los reductores atascados, con ácidas micciones de cinismo. Y ya puestos, y sin salirnos del ramo: no estaría mal dedicarnos a achicar los litros de lágrimas que se acumulan en los depósitos de cualquier inframundo sentimental. No lo reconocen por no avergonzarse en público, pero sé de buena tinta que viven bajo el umbral de la pereza.  Fecundando lagunas sensitivas con caricias, por el método in vitro… sin que sirva de precedente.

    Mi zapatero de confianza, dice que en un futuro muy próximo, habrá hasta opositores al cuerpo de frotadores de suelas gastadas. Provistos de estropajo y lejía; herramientas indispensables.

    Puestos a no forzar mucho el físico, lo de transportar la empatía en furgones blindados de abrazos, puede resultar también muy tentador. Herméticamente aislados y a salvo de la indiferencia. A todos aquellos a los que no les interese cargar con el egoísmo propio, les puede resultar algo enriquecedor.

    Luego ya, si se está libre de escrúpulos, y se aguantan los pisotones... siempre tendremos un puesto reservado de alfombrero en los incesantes pasacalles del pataleo. Y después, ser esos sufridores verbeneros, que soportan sin ápice de dolor los pasos mudos y crueles, con los que se suelen subtitular los bailes de claqué en versión original.

    No sé el resto de ustedes. Pero ahora, me quedaría con lo de ser tertuliano sin micrófono y de palabra censurada, entre la "i" y la "k". Sin empadronar a nadie en la reserva natural de las opiniones ajenas. Pivotando sobre mi actitud. Marcando con cada letra el perímetro prudencial de los que no entendemos ni jota de nada, y todo del resto, qué curioso ¿no?

    Pero... a día de hoy, reconozco que sigo haciendo horas extras memorizando clandestinamente agrias serenatas de desamor, para pasado un tiempo,  almibararlas con diabéticas estrofas. Puede que no sea un éxito mundial y reconocido, pero sí que se trata de ese coreado totum revolutum que vocean las mentes cantarinas cuando peregrinan al mausoleo de la comprensión. Allá van, con los corazones anticipadamente flameados de acetosos renglones. Sirviéndolos boca abajo en los salones de sobremesa y baja densidad.

    Bueno, estaría todo un día contestando, pero me van a perdonar todos y cada uno de los aquí presentes, pero es que… estoy llegando a mi parada.

    Espero haberles servido de ayuda. Buenas tardes. Y… seguro que nos volvemos a ver. Aunque sea en el último respiro.

 

Publicado la semana 3. 16/01/2020
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