03
Dra. Angela Ziegler

Combate dulzón

Okey, esto va a sonar re cualquiera, pero te juro por mi vieja que es verdad. Confiá en mí, si le pasó a mi viejo esto, vos escuchame que es alta historia, te la cuento exacto como me la cuenta él. La cosa va así.

A ver. Era como el quinto o sexto día más helado de todo el invierno, yo tenía como diez años. Era un sábado, bien temprano, de esos que está despejado el cielo y ni con la estufa a mil te calentás las manos. Cuestión que a mi viejo le gusta levantarse tempranito, a eso de las ocho y media, “para aprovechar más el día” y esas huevadas que te dicen siempre, pero por puro hábito lo hacen nomás. Él se abriga bien, baja, prende la radio bajito para no despertarnos y se pone a hacer el desayuno, el mate amargo de siempre y galletitas de agua con queso untable y mermelada. La cosa empieza cuando mi viejo abre la alacena para buscar la mermelada, una casera que le compran a una vecina medio vieja-medio loca pero que es riquísima, no sabés, a lo que busca la mermelada y no había. Justo bajaba mi vieja y él le pregunta “Isabela, ¿se terminó la mermelada?” y ella le dice que no, que hacía dos días ponele que había ido a lo de la vieja a comprar varias para que duren un toque más. Y ambos se ponen a buscar en toda la cocina, abren toda puerta que podían encontrar pero no había un frasco en toda la casa, estaban los dos mirándose pensando dónde carajo podían haber puesto las mermeladas. Mi viejo casi que no puede desayunar sin sus preciadas mermeladas, y le dice a mi vieja “Belita, poné los manteles y terminá de calentar el agua, yo voy a comprar mermeladas”, ella lo deja porque ya se re conocen y se entienden los mambos. Mi viejo va, se cambia y sale con el auto al súper que quedaba cerca de la plaza con la estatua sin cabeza, ¿te acordás? Bueno, cuando llega, ve una bocha de gente y medio que intuye que estaban ahí por las mermeladas, pero no estaba taaaaan seguro, entonces, deja el auto donde puede y se acerca. No entendés, pero no entendés el gentío que había, y todos decían por lo bajo “mermeladas, mermeladas, mermeladas” como hechos zombies por la falta de mermelada. En eso se sube uno de los cajeros o el gerente, no me acuerdo, con un megáfono y dice “señores, estamos sin mermeladas, no llegan cargamentos hasta dentro de dos semanas, pero no tardaremos en avisar a las empresas para que podamos reponer lo más pronto posible” y después mi viejo no escuchó nada más porque todo el mundo se puso re loco por unas mermeladas, ¿podés creer, boludo? Cualquier cosa. Mi viejo no hizo quilombo, fue y se acercó a uno de los pibes que trabajaba ahí y le
preguntó si esto era sólo en este súper y le dicen que en todos estaban igual, que no había un jarro para vender y que parece que las habían robado porque el día anterior había y esa mañana no, una locura. Al toque llega la cana para calmar a la gente porque ya se estaban poniendo re loquitos, pero no para tanto porque en cinco minutos mandaron a todos taza taza cada uno pa’ casa.

En casa desayunaron sin mermelada y así siguió el día, veían en la tele los noticieros por si decían algo, “la desaparición de las mermeladas”, “las investigaciones siguen en pie”, hubo una mujer re enojada que le dijo al reportero “¡¡DEVUÉLVANLAS!!”, creo que hasta el día de hoy no entiendo por qué tanto problema por unas mermeladas, andá a saber. Cuestión que alrededor del mediodía, estábamos almorzando re tranca una sopita de cebolla que hace mi vieja que está mejor que pollo con la mano, una delicia, bueno estábamos almorzando y el noticiero tira con mayúsculas “EL FUERTE DE MERMELADA EN ASTORILA” y mostraban un re castillo hecho todo de mermelada de cualquier tipo, durazno, higos, frutos rojos, tomate, damasco, naranja, hasta de zanahoria había. Astorila, boludo ¿no te acordás? Era el terreno baldío, que iba a ser el edificio Astorila y al final no se hizo nada, siempre lleno de mosquitos en verano y en invierno a veces se hacían peleas de nieve, si fuimos varias veces, chabón. Hacé memoria, As-to-ri-la. Si te digo que ahí al gordo de Lucas le pegaron alto bolazo en el ojo y se fue llorando y gritando a casa, ¿te acordás? Eeeeeeso, viste que habías ido vos. Bueno, la cosa es que mi viejo agarró las llaves y fuimos todos a ver qué era esto del castillo de mermeladas, porque mi viejo hasta no resolver algo no lo para nadie.

Llegamos y había una bocha de gente, todos los aficionados a las mermeladas estaban mirando el terrible castillo de mermeladas que había, era gigante. Pero si tengo una foto, tarado, vos escuchame y después te muestro. No se veía nadie alrededor del castillo y nadie se quería acercar por miedo, viste. A los tres minutos aparecen unos tipos en lo más alto del fuerte, y con un megáfono dicen, escuchá: “Nosotros, credo de la viscosidad sana, alabadores de su celestial entidad semi-transparente y frutal, nos jactamos de poseer mejores cualidades para alabar y cuidar de las sagradas mermeladas, que ustedes, viles ilusos, comen como si no fueran nada, por lo que decidimos tomarlas, preservarlas y protegerlas de ustedes”. Sí, boludo, drogados con cualquier cosa, no tengo ni idea, encima mi viejo siempre me cuenta que alguien dijo “veganos de mierda”, qué tenía que ver, y todos empiezan a gritar “¡hijos de puta, devuelvan las mermeladas!” y esas cosas, pero nadie se acercaba, encima que no entendían nada estaban cagados de frío. Y el tipo dice: “Si las quieren de vuelta, tendrán que pelear por ellas. No hay otra forma”.

Hay como cinco segundos de silencio, en donde todos medio que telepáticamente se ponen de acuerdo, y después se lanzan a lo espartanos hacia el castillo, gritando loquísimos, alto descontrol. Mi viejo la re captó y nos agarró a mi vieja y a nosotros y nos sacó de un pique de ahí antes de que nos trague la multitud, y nos quedamos mirando todo lo que pasó. Los tipos del castillo tenían cerbatanas, catapultas, granadas y pistolas de agua todas con mermelada, LOS ATACARON CON MERMELADA, y los otros tratando de sacar los potes de más abajo para derrumbarles el fuerte, después había algunos que se pusieron a hacer bolas de nieve y con las cosas que se les caían a los boludos del castillo empezó el combate más bizarro y ridículo de la historia. Había otros que también se quedaron afuera, porque era todo un espectáculo, no sabés. El furor por las mermeladas llegó a durar tanto que unos se pusieron a cavar muros de nieve para defenderse de los proyectiles, los más grandes empujaban las paredes de mermelada para que quebraran, un completo caos.

La cosa cambió cuando la mermelada empezó a escasear mientras que la nieve no, y poco a poco se fueron rindiendo y la gente se atolondró por buscar su pote de mermelada antes que nadie, pero no había muchos. Mi viejo no se quiso meter con los loquitos y decidió no llevarse nada, y en cuanto la gente se empezó a ir, había algunos caídos que estaban embarrados de mermelada, no sé por qué la policía, los bomberos, las ambulancias llegaron justo cuando terminó, eso nunca lo voy a entender, porque los medios estaban ahí y grabaron todo. Sí, después buscalo en YouTube que seguro te sale. Y bueno, a los “testigos de la mermelada” se los llevaron en cana por disturbios en la vía pública o algo así y se llevaron a algunos amermelados para que declaren y hagan cosas en la comisaría, vos me entendés.

Y nada, medio que ahí terminó la cosa, después estaban todos re tranquilos con sus mermeladas en cada casa, la tele decía “¡ganamos la guerra!”, “¡destruimos el castillo!”, “CIVILES VENCEDORES”, así en mayúsculas, como si hubiera sido un enfrentamiento bélico de verdad, la re flasheaban. Igual, lo que más me marcó fue que un compañero de laburo de mi viejo le dijo el lunes que le siguió a ese sábado “qué respuesta les vas a dar a tus hijos si te preguntan ¿qué hicistes en la guerra?”, o sea, la gente de verdad creía que había sido una guerra, nomás duró dos horas y era el equipo mermelada contra el equipo nieve, toda una manga de boludos peleando por unas mermeladas. Bue, no me creas, te lo cuento para que lo uses en tu trabajo de literatura, que la historia está piola.

Publicado la semana 3. 11/02/2020
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