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Dra. Angela Ziegler

Carta

Ma chérie Rompier,

     Le escribo desde la Prisión Federal de Alcatraz, aunque tal vez se haya dado cuenta dada la marca de agua que figura en la hoja. Y por si se lo está preguntando, sí, es la prisión de las películas. No, no tiene tiburones en las aguas que la rodean, no es tan impresionante.

     Je digresse, espero se encuentre bien. Desde que la NASA anunció el descubrimiento de un universo paralelo al nuestro he deseado comunicarme con usted fervorosamente. Fue intrincado conseguir quien me sirva de vínculo entre usted y yo, para entregar esta carta. Los datos son confidenciales, pero me han dicho de buena fuente que alcanzar su universo acarrea sacrificios demasiado grandes, hasta para mí. Así que le delegué el sacrificio a alguien más, para tener la oportunidad de saber si usted responderá a mi misiva.

     Haciendo a un lado las explicaciones, procederé a desarrollar el motivo de mi comunicado. Nos han atrapado. Mis obras de arte me han traicionado, me han delatado, y ahora las fuerzas de seguridad han puesto fin a mi inquisición. No me bastó con asesinar al detective. No hubo plegaria ni rezo que me ayudara, ni siquiera el abogado que me asignaron fue de mucha ayuda. Me amenazaron, diciendo que encontraron mi pequeño edén, donde guardo mis tesoros, esos tan preciosos que ellos, con sus sucios dedos llenos de tinta, tomaron y declararon como pertenencias de las víctimas que asesiné. Y que conste: yo no maté a nadie. Yo formaba parte de una comitiva, protagonizada por mí y sólamente por mí, que llevaba a cabo la tarea de traer a la vida obras de arte. Por supuesto, para vivir se ha de morir, y muchas almas han sido bendecidas de pagar el precio. Pero eso no me vuelve un criminal.

     Bien sûr, no me llevaron el apunte al momento de mi defensa. Me acusaron de cosas horrendas, cosas que no son ciertas, insultos viejos y nuevos. Me catalogaron como alguien que tiene el trastorno de identidad disociativo, como si fuera posible que yo fuera el detective que me estaba dando caza y, a la vez, mi propia persona, el salvador, L'Artiste. Imposible. Reconozco que, en este tiempo que estuve en prisión, hay momentos en donde pierdo la consciencia, síntoma que dijeron sería algo recurrente en mí, y que en esos momentos en los que "no estoy presente" encarno otra de mis personalidades. Connerie. Eso es porque hace mucho no puedo disfrutar de un poco de opio. Aquí todo es un poco más difícil, incluso con mis fieles contactos y la gran suma de dinero que aún guardo con recelo en algún banco de Europa. Usted sabe cuál.

     Ahora que entiende por qué me comunico, permítame aconsejarle: jamais, en un million d'années, le abra la puerta del despacho a Samuel. Lo reconocerá, aunque no puedo sino calcular que en su universo este salaud fils de garce probablemente porte alguna que otra diferencia. Pero sabrá reconocerlo. Se le aparecerá como un policía novato, tímido pero ambicioso, empeñado en ponerle freno a mi cruzada creativa. Se le acercará al detective y lo convencerá, con esos ojos de cordero, écume de la terre. Tampoco puedo sino calcular que, sino en el suyo, en algún otro universo paralelo Samuel jamás conseguirá ponerme tras las rejas. Me regocijo de pensar que aquel Artiste podrá alcanzar un estadío de iluminación aún más potente que el de cualquier Buda. Mais hélas, me comprometo, aquí y ahora, por escrito, a advertirle a usted y a todos nosotros de lo que este... personaje, este catalizador, puede conseguir. Advertirle que no desperdicie ni una sola gota de pintura en él, que simplemente lo mate. Que la historia lo olvide.

     Espero ponga a resguardo esta información. La gente mira, oye, la gente percibe y debemos mantenernos en la sombra. Un bon artiste ne brille jamais plus que son chef-d'œuvre.

     Aguardo paciente su respuesta. Y, s'il vous plaît, cuidado con ponerle aguarrás a Madame Minuscule, en vez de agua de la canilla. Para cuando finalmente aprendí, fue muy tarde.

     Bonjour, bon après-midi, bonsoir,

Bernard Rompier — L'Artiste

Publicado la semana 21. 24/05/2020
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Para Lucía, quien aguardó pacientemente mientras escribía este relato desde otro universo.
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