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Dk García

¿Qué tanto importa?

Entre tantos momentos chiquitos y disfrutar de cada gota de agua y de cada sonrisa, se pierde la trascendencia de las cosas, o posiblemente nada es trascendente, o tal vez todo es trascendente, tanto, que esos detalles que parecen efímeros se llevan el protagonismo de todo lo que vivimos.

Al final, resulta que todo lo que parece banal se vuelve relevante ante la fugacidad de la existencia; un saludo, un guiño, un vaso de agua fría en una tarde soleada, un café en la mañana, cosas que a ojos de mortales solo son eso, cosas sin sentido transformadas en preciosos instantes congelados en un mísero recuerdo y que, cuando se hace el recuento con el paso del tiempo, terminamos exclamando un “valió la pena”.

Entonces, ¿Cuál es la verdadera trascendencia? ¿En realidad existe? ¿Y si es una pretensión ilusoria, un espejismo sin fin, cuyo único propósito es hacernos reflexionar del valor de la existencia? ¿Y si la verdadera trascendencia fuera esa reflexión?

En realidad, creo que no vale la pena morir tratando de responder estas preguntas, pero hay una que si, que si vale la pena, no responderla, sino apreciarla y guardarla a un costado del vaso de café que te tomaste en esa mañana nublada.

Si todo lo banal a ojos de mortales es lo trascendente en esta efímera existencia ¿Por qué no banalizarlo todo? ¿por qué no banalizamos ese par de años que invertiste en estudiar una carrera, por qué no banalizamos la relación amorosa que duró cinco años o la que duro un mes y que te la pasaste mejor?

¡Al carajo con todo! banalicemos todo, banaliza el esfuerzo que te costo tener tu sueldo actual, banaliza tu estabilidad emocional, banaliza las relaciones sociales y las peleas familiares, banaliza todo lo que tenga que ver con el amor propio, banaliza el sexo de diez minutos y el de un minuto, banaliza los errores que te costaron tus mejores amistades, las amistades de doce años, las de un año o las de una borrachera, banaliza el ser socialmente responsables, el ser una “buena persona”, el ser una “mala” influencia, banaliza las drogas de cualquier tipo; llámese azúcar o LCD, banaliza el cumplido que te hicieron porque esa mañana decidiste recogerte el cabello, banaliza la sonrisa de tu hijo al despertarte y las lagrimas de tus padres al enterarse que te vas a casar, los abrazos de tu madre y los regaños de tu padre al cometer un error, banaliza el tiempo que pasas contigo mismo, el tiempo que pasas aprendiendo o leyendo, banaliza el dormir tranquilo, el hecho de dormir si quiera, banaliza el poder dedicarte a lo que te gusta, banaliza el poder vestirte como quieres o poder elegir con quien estar, banaliza decidir si cine o teatro, si rap o blues, si música regional o electro, si es negro o es blanco, banaliza un si o un no, banaliza el talvez, banaliza el banalizarlo todo.

Banaliza la reflexión de una pregunta.

Banaliza el “gracias por todo”.

Banalizalo todo.

Y junto a esa taza de café en la noche lluviosa tan banal y un poquito más a la derecha de esa cerveza tan, tan banal con tus amigos más cercanos después de no verlos durante un año, y más adelantito de ese abrazo de la persona que más extrañabas, banaliza la vida en si y, la muerte aun más.

Publicado la semana 27. 30/06/2020
Etiquetas
lluvia tranquila de fondo , Reflexiones de Película, trainspotting , con ganas de vivir
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Género
Poesía
Año
I
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