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Dk García

De mutaciones del Alma y Luz

Jamás entendí como el primer contacto con alguien te puede terminar cambiando.

Jamás entendí cómo era que una mirada tan acuminada podía llegar tan lejos de tan lejos.

Y para ser sincero nunca quise entender cómo el alma se terminó adaptando a tantos cambios.

Con una mirada de periscopio era complicado identificar cuál era la luz más intensa en ese momento, una luz tan fuerte, tan candente que solo me permitía verla por un fugaz momento; su magnificencia irradiaba un calor tan confortable que ni siquiera era necesario preguntárme el cómo o de donde podía emerger tanto calor, tanta candela, tanto vigor, pues preguntármelo era quitarle todo eso tan especial que tenía. Era inaguantable, y, en realidad, la única forma de apreciarla y de admirarla era contemplar la sombra que proyectaba. Siendo tan joven, nunca pude apreciar tal candor y dudo que ahora pueda hacerlo, pues el haber vivido entre sombras me hizo preguntarme lo irrespondible y como tal, preferí vivir bajo mi propia oscuridad y dejar de apreciar tales flashasos que se veían ridículos con esa experiencia.

Aun así, el alma se adapta y de cierto modo se daña a sí misma, termina siendo parte del espectáculo, se convierte en leña de ese fuego, en una lupa inerte, inherente a la luz, que aunque terminan siendo una mancuerna perfecta para fulminar las firmes líneas de hormigas obreras o incinerar las hojas verdes de los árboles, la luz en su más puro estado sigue teniendo ese poder, esa inverosimilitud, esa independencia, esa anarquía para seguir cegando a cualquiera que la voltee a ver y quemando a cual sea que ose intentar poseerla. La lupa por su parte, es solo un recurso, un accesorio, un capricho, una cosa común que si bien enaltece ese poder tan vigorizante, puede ser reemplazada por un par de anteojos, un cristal pulido, un espejo o hasta un trozo de vidrio insignificante. Pero en realidad, ¿Qué más da ser reemplazable mientras estás proyectando tal energía en ese instante, no?

En su momento la luz está tan ensimismada que se siente incognoscible, inevitable, inalcanzable y cree que goza de una moralidad intacta, pues se presta para brindarle calor a quien lo necesite, sin embargo, cree que si llegan a abrasarse no es su culpa. En cierta parte tiene razón, pues ¿Cómo recluyes a un estado tan puro y tan inmaterial como lo es ella? ¿Cómo lograrías apresar una libertad tan mayúscula? ¿Como tratar de retener a algo tan irreal y elevado para que, en lluvias y ventiscas tengas un refugio cálido? ¿ y si lograras aprezarla, como sería posible sobrevivir a esa esencia tan volátil? Yo tampoco lo sé, y al parecer nadie lo sabe, y conociendo la esencia de la luz y su tortuosa manifestación, posiblemente ella tampoco lo sepa.

Es tan complejo vivir entre luces y fulgores tan intensos y ser reducido a cenizas lentamente hasta que  solo queda un último, último y cuidadoso aliento, que, si bien estas hecho polvo, aún queda por ahí, entre lo más recóndito del cúmulo gris en el que te convertiste, una braza, una pequeñísima e insignificante braza simbolizando la esperanza.

Existen dos formas de sobrevivir al contacto de la luz. Dos formas igual de amenazantes. Dos formas que trascienden la fenomenología de la luz y su alma tan ineludible. La primera y la más perceptible es la mutación; la transición de esa insignificante braza a una luz igual de incandescente. Una transmutación así de compleja es más que obvio que necesita de paciencia, perseverancia, cuidado, necedad y sobre todo conciencia. Todo lo incinerable  puede ser una potencial fuente de energía, igual o mayor a la fuente que lo inició, a tal grado que el candor es inaguantable y que la sombra proyectada es tan inmensa que sería imposible ser percibida por el ojo humano. La segunda y siendo sincero, la más común y natural es el doblegarse ante la ausencia de calor producida por cualquier fuente de luz; Apagarse y dudar si aún tienes por ahí entre algún recóndito recoveco de tu alma esa chispita revoloteando, jugueteando y haciendo travesuras de forma casi imperceptible. Es increíble como el alma se adapta a estos cambios que, aunque son naturales, esta metamorfosis termina creando una nueva esencia  que perpetúa y sentencia-en ocasiones- para siempre la existencia del ser.

¿Cuál es esta metamorfosis? En esencia, vivir con ausencia de calor. En una alta ausencia de calor, y al verse privado de cualquier fuente y al no aprender a producir su propio calor el alma se ve obligada a inducirse en una alucinación tan profunda, repleta de añoranzas y de espejismos donde lo único que intenta es producir su propio calor, su propia fuente, y lo logra o por lo menos lo percibe así. Entre inconciencias y deseos sobajados y oprimidos, el alma, sacrifica esa chispa y logra engañarse y lo que alguna vez heló su existencia, ahora es una fuente, una fuente de calor igual de ensimismada que la luz. Sin embargo, el alma, no entiende de percepciones y así como creó una fuente de calor, o imaginó, por así decirlo, nunca creyó la inestabilidad tan exuberante que conllevaba esa fuente, pues no depende de su naturaleza,sino de su percepción, siendo esta una característica estéril e inoperable ante esta situación, donde en cualquier momento podría extinguirse por completo la fuente y por lo tanto morir.

La luz...

Como tal, la luz, es inocua, etérea, y de alguien así no podemos esperar algo diferente a su esencia. De este modo la luz, nunca percibe su entorno, sólo existe, solo alumbra, solo quema e ilumina; su naturaleza es hacer que la naturaleza cambie estando o no de acuerdo. La luz nunca se se ha dado cuenta de la necesidad que tenía de la oscuridad y que hay otras fuentes de calor. Por lo tanto, estando rodeada de los infiernos más sofocantes, la luz sigue comportándose como tal, aunque su naturaleza sea inútil ante semejante poder, pues aun la luz más intensa es reducida a un simple chispa. En cuanto a la oscuridad…

Qué sería de la luz sin la oscuridad, sino un simple intento de energía sin algún fin, un cúmulo de percepciones, sin ningun resultado, un cúmulo de abstracciones insípidas e insignificantes ante una inmensidad vacía.

En fin, que puedo decir yo si nunca entendí ni quise entender cómo es que el alma se terminó adaptando a tantos cambios y para ser sincero, no necesitamos saber.

 

Publicado la semana 22. 29/05/2020
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luz, Fantasia Oscura, Derrida, Keikegar , En cualquier momento, En el bar , luz, Cambios, Oscuridad, fuego, almas
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