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Chukofis

Sentado en la silla de jardín

Sentado en la silla de jardín con mis cosas en la mesa escribo a pesar del viento para amigarme con el mundo y con el espacio sin el llanto del perro. Un día lindo de primavera, una nube cada tanto tapa el sol y el viento que cuando uno se para un segundo y mira por ejemplo que el pasto está largo y hay que cortarlo, la birome rueda y las hojas del cuaderno pasan rápido y en un reflejo intento frenar ese impulso del viento. Entré a mi casa con el propósito de estirar el momento de sosiego natural con el que había llegado de la calle. El perro no lloraba y la casa estaba limpia. Pero cuando vuelvo a despegar la birome del cuaderno y miro sin mirar como si mirara desde afuera y siento el placer del sol, está el viento que no sé de dónde viene y tengo que estar atajando las cosas de la mesa para que no se me vayan. Antes, en la otra casa, no había este viento. Alrededor los edificios eran más altos y uno estaba como embolsado por el cemento. Ahí escucho los perros de la vecina, Beba, que creo todavía no se murió y los ladridos me hacen acordar que mi perro no se queja. Levanto la vista y lo veo estirado en el pasto, durmiendo. Puedo ver la panza que se hincha y se desinfla. Y esa tranquilidad es parte del origen o de la continuidad de este momento que no se cuánto pueda estirar.  

Publicado la semana 7. 16/02/2020
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I
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07
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