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Chukofis

Aquiles en el espacio

Después de cuarenta años de viaje interestelar en taxi espacial Aquiles y su tripulación encontraron el planeta. El taxista cobró un recargo por el tiempo perdido y se fue. Los cálculos que, desde la Tierra, Anaximandro había adivinado y las mediciones del movimiento estratosférico estimado por Anaxímenes no habían sido tan exactos como se esperaba. Aquiles y su tripulación vagaron durante cuarenta años (de tiempo terrenal) y en ese tiempo que para ellos no fue nada y se pasó volando, en la Tierra, en cambio, Perséfone se había divorciado de Aquiles y casado con Ulises. Aquiles no se enteró de nada, ni siquiera al llegar al nuevo planeta. Desde que se había anulado por decreto el uso de armas, eran tiempos de paz y el nuevo casamiento fue una fiesta. Aunque los pueblos vecinos siguieron invadiendo, los griegos vencieron gracias a Sócrates. Pero entretanto en algún lugar de la vía láctea, Aquiles y su tripulación ya habían descendido de la nave. El planeta parecía estar habitado, o haber sido habitado recientemente, aunque no corriera viento, no hubiera árboles ni seres vivos en la superficie. Aquiles, con un gesto de la mano hacia atrás, mostrando tres dedos, frenó a su tripulación para que hiciera silencio antes de hacer la inspección. Había alboroto y alegría por pisar suelo pero Aquiles necesitaba captar alguna señal. Luego empezaron a moverse, buscando algún rastro de vida. Caminaron solos, en el silencio, durante un tiempo indeterminable. Las fuerzas se agotaban, los recursos eran nulos, algunos tripulantes desertaban, después de algunos días los encontraban enterrados a medias en la arena negra. Los días duraban dos horas, las noches eran largas, frías. Cada tanto un tripulante caía, muerto de cansancio. Nadie volvía a mirar atrás. Pero después los cadáveres reaparecían, apenas enterrados en la arena negra. Salvo Aquiles, el resto de la tripulación tenía una pésima condición física, eran científicos, hombres de las artes, adivinos del futuro del universo. Caían como moscas. Un día encontraron un plato volador en ruinas. Algunos científicos lograron repararlo. Una noche, parte de la tripulación escapó en el plato volador. Al final quedaron solamente Aquiles, Herodoto y Apuleyo. Herodoto y Apuleyo ya sin fuerzas eran dos esqueletos que, de haber viento, se hubieran volado. Pero como esqueletos que eran terminaron también enterrados. Aquiles quedó solo arrancando con los dientes lo poco de carne que había entre los huesos de los últimos sobrevivientes.

Publicado la semana 5. 02/02/2020
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