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Chukofis

El gusano comía la pera

El gusano comía la pera. Pensé: en los hoteles de Cancún no pasan estas cosas. Pero no dije nada y me comí la pera. Era invitado, visitante entre la parentela de mi mujer. Además, ella, Laura, era pura. Se habriá enojado si hacía escándalo, como la vez que vi la tarántula en el flan de la abuela. El bicho petrificado en la masa amarillenta gelatinosa. Pasé la noche con arcadas. Desde ese día pedí siempre de postre ensalada de frutas. Pero volviendo al hotel, por evitar un disgusto mayor, como dije, me comí la pera y el gusano. Ayudó, en parte a la digestión, el recuerdo de documentales acerca de la comida del futuro, los insectos. Qué futuro puede haber sin pucheros con caracú. A la noche me costó dormir, lo atribuí a la nueva dieta. Salí a caminar por la playa. La luna escondida, trémula, parecía decir bésame, así en esdrújula y con tonada mexicana. Escuché en la noche silenciosa esa voz y el ruido del mar. El viento golpeó, mis pasos retumbaban en la orilla. Tenía la sensación de que un alud me caería encima. Sentí frío, me dije: evaluá lo que está pasando, hay mucha tela para cortar, nadie permuta este momento sin alguna razón válida. Pensé que el espíritu de Séneca o de algún otro filósofo se había apoderado de mí. Más vale que este trance no me dure mucho, pensé. Por las dudas volví al hotel. No me había percatado de que en la entrada había una báscula. Me subí, miré mis pies. En la recepción pregunté si alguien lustraba zapatos. No había nadie. Contra la pared del fondo de la recepción vi un cuadro de naturaleza muerta.

Publicado la semana 4. 26/01/2020
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