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Chukofis

Olor a huevo

Estaba en el hospital y sentí olor a huevo. No era un olor que viniera de entre mis piernas. Los enfermeros me habían bañado y con mucho esmero, sobre todo las axilas y los huevos. Al costado de la camilla todavía estaba la bandeja, restos de galletitas  y el fondo naranja en un vaso de vidrio. Un tubito conectaba mi vena a un depósito de líquido transparente que colgaba de una lámpara sin campana

Tenía ganas de mear y además la intención de rastrear de dónde venía el olor a huevo. Apenas me puse de pie me maree, tuve que volver a sentarme sobre la camilla. Me volví a parar y sosteniéndome de la pared, de un lado y aferrado a la lámpara sin campana, fui al baño. En el espejo del baño, con la túnica me sentí un discípulo arrepentido de una secta perdida en el campo, tratando de escapar y de que termine el atardecer para poder ocultarme en la noche.

Me dio hambre, devoré las galletitas y terminé el fondo del jugo. Tenía más hambre, salí acompañado de mi lámpara, en búsqueda de alguna heladera. El hospital parecía vacío, no había más que los ruidos de máquinas silenciosas, algún que otro grito de dolor de un paciente, ninguna enfermera o enfermero cerca, ni personal de limpieza, quizás era la madrugada. Entré a una habitación, un viejo chupado apenas movió los ojos. Miré el apoya bandejas, no había nada. Tampoco tenía heladera. Salí al pasillo. El depósito de líquido transparente estaba vacío, miré el tubito y vi que de mi vena empezaba a salir sangre, a contramano de donde antes venía el líquido transparente y empezó a llenarse el depósito de sangre, más que nunca debía alimentarme, por la pérdida de sangre, pero me desmayé y me volví a despertar en una cama del hospital con el mismo olor a huevo de antes. 

Publicado la semana 2. 12/01/2020
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