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Chris Boone

DESPEDIDA

Querido futuro pasado,

No  sé si es el momento, si una vez más me estoy precipitando, pero sé que estas cuestiones, una vez que empiezan a asomar,  son inevitables. Además prefiero hacerlo ahora que tratamos de evitar el encontrarnos, que dejar que llegue el momento en que solo busquemos no buscarnos. Seamos como lluvia de verano, incómoda pero necesaria, volvamos a hacerlo a nuestra manera, desde el sentido común de nuestra locura.

Es difícil determinar como acaba uno por darse cuenta. Con el paso del tiempo mi yo se ha ido diluyendo en nuestro juntos como el azúcar se mezcla con el café y hace un solo sabor imposible de ser separado, el caso es que un buen día, como por arte de magia el café está siempre amargo y ese sabor se queda en la boca prendido de tal forma que ya no hay manera de quitárselo del paladar y su amargura lo contamina todo.

No es como cuando calientas la sopa y al escaldarte sabes que se te ha ido la mano con el tiempo ni tampoco como cuando la tocas y sabes que está fría y necesita calentarse. Es  una especie de sopa tibia que solo genera incertidumbre. Tienes hambre, necesidad de sopa, a esa temperatura  no te gusta lo suficiente para de verdad disfrutarla, pero tienes miedo de que calentándola en exceso se dilate tu espera o sea aún peor, se queme tu lengua impaciente y te impida alcanzar todas las promesas de sabor que aquel caldo te hizo. No quiero ser la rana del cuento que se iba calentando tan lentamente en la marmita que no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde y murió por ser incapaz de saltar.

No, de ningún modo quiero que seas como mi incipiente barriga que está ahí, y aunque no me gusta, me falta voluntad para quitarla y acabo por aceptarla. Yo no quiero ser tu mal menor, no quiero ser el fruto de tu pereza. Me gustaría ser el fruto de tu deseo pero creo que con el tiempo nos hemos ido conformando más y deseando menos. Hace tiempo que ya no nos miramos. Antes, cuando íbamos a salir , mientras nos arreglábamos nos mirábamos el uno al otro y nos sugeríamos tratando de agradarnos. Ahora  ya no, nos miramos a nosotros mismos empeñados en agradar Dios sabe a quién ,o quizá simplemente conformándonos con no desagradar. El deseo voló entre excusas de cansancio de sueño o de fatiga, en prolongaciones de la hora de acostarse para no coincidir y pasar el mal trago del rechazo, o el trago aún peor del sexo desganado. Evitarnos acaba por dañarnos más que pelearnos. La ignorancia es el mayor castigo, o al menos el más humillante.Nuestra dignidad no lo merece.

Si nos vamos a tiempo se salvarán del naufragio un montón de buenos recuerdos que con el paso del tiempo acabarán por certificarnos que mereció la pena. Porque eso nunca lo voy a negar .Mereció mucho la pena. Hemos sido muy felices hasta que se nos olvidó como serlo. Los mejores tiempos de mi vida fueron juntos .Sería imposible escribir mi biografía sin contarte. No es que sería inexacta, es que sería absurda, ilógica e incomprensible,porque todo tuvo sentido contigo, porque todo fue bello juntos, por eso también ahora podemos ser diferentes, ser nosotros, ser juntos en la despedida. Nuestro amor lo merece. Nosotros lo merecemos, por eso quiero poner contigo el cartel de “Cerrado por vacaciones” en lugar del de “Liquidación por derribo”.

Publicado la semana 35. 30/08/2020
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