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Chris Boone

DESPAREJADO

Ya es el día ciento quince D.C. (Después del cataclismo) y sigo tratando de acostumbrarme. El suelo se ha tornado una superficie resbaladiza y peligrosa donde antes era firme y asentado.  es el suelo, son los pies. La base de todo. Donde todo se sostiene. Mamá decía que mientras tus pies caminen juntos tu base es indestructible, por eso es muy importante que los calcetines siempre estén correctamente emparejados, así la vida nunca cojea, uno sabe que tiene dos pies en los que asentarse, la base de todo.

Esa creencia me ha hecho ser como soy, o más bien como era yo A. Fui un niño seguro de sí mismo, encantado de escucharse y capaz de  defenderse. Sí, yo soy, bueno era uno de esos. Yo siempre iba por el mundo con actitud de “Yo soy Arturo Quiñones y usted…Usted bastante tiene con la desgracia de no serlo”.Apoyado por mi envergadura creciente y por mi sólida base me hice un sitio en el colegio. Tenía muchos amigos, más bien adeptos que se acercaban a mí no tanto por afecto a mi carácter como por miedo a mis posibles represalias. Nunca pegué a nadie. No hace falta cuando tienes un tamaño disuasorio para la desobediencia. Aprobé las asignaturas, en algunos casos con holgura y en los casos más ajustados era aprobado en la reclamación de los exámenes, sin ni siquiera tener que acudir dado el miedo de los profesores a mi elocuencia, mas por la cantidad que por la calidad. Era un tipo resistente, especialmente  al cambio de ideas. Si flaqueaba no tenía más que mirar mis pies y saber que mis calcetines en perfecto equilibrio me daban base argumental para seguir el tiempo que fuera necesario. A veces costaba más, como en el caso de las matemáticas que me fueron convalidadas desde cuarto de primaria, cuando le demostré al profesor que las matemáticas no existían , eran una entelequia, con el indestructible argumento del romboide ¿Acaso no es sino una figura que sólo existe en los libros de matemáticas? Piensen, mediten y díganme cuantos romboides han visto en su vida. Sencillo argumento…Para la gente normal, no para los fanáticos de la numerología que son los profesores de matemáticas.  Tras dos semanas de clases discutiendo, acabo por darme la razón y convalidándome la materia para el resto de mi escolaridad so pretexto de avanzar materia y evitar el sufrimiento en el futuro de otros compañeros de profesión. El fanatismo nunca acaba de reconocer el argumentario contrario a sus creencias. Acabé por regalarle un par de calcetines para intentar que mejorase su capacidad de raciocinio, como agradecimiento me hizo ver donde  una mente”tan especial” como la mía encajaría perfectamente. En el ejército.

Reconozco que estuve bien allí pero por envidia de mi lucidez según creía yo o para quitarme de encima según supe después  acabé en el ministerio de defensa, como subinspector de intendencia en el apartado de calcetines.

La mañana del cataclismo fue una mañana  normal, como todas las mañanas antes de las de catástrofes. Yo, como todos, usaba los mismos calcetines que clasificaba. Teníamos de pie izquierdo y de pie derecho (esto fue una aportación mía, que me aceptaron no sin ardua discusión previa, ya que no veían la utilidad a pesar de la importancia que podía tener en el caso de asimetrías pódales de entidad. Me percaté que alguien había puesto cajas de calcetines de pie izquierdo en la zona de pie derecho. Eso quería decir que había un montón de gente arriesgando su vida… ¡Con calcetines desparejados! Y lo que era aún peor ¡Yo mismo llevaba calcetines desparejados!

Era como caminar con dos zapatos de pie izquierdo. Traté de hablar con mi jefe del drama, pero no me escuchó y yo…Era incapaz de insistirle desprovisto de base ¿Quién, en su sano juicio, discutiría con calcetines desparejados? Caí en el abatimiento, me sentí vulnerable y empecé, en mi debilidad a confiar en la gente, más por necesidad que por convencimiento. La gente fue descubriendo que yo solo era un tipo estrafalario no tan insoportable como creían. Por primera vez tuve compañeros, me di cuenta que ellos también tenían incertidumbres. Vivía, sin saberlo hasta ahora en un mundo de calcetines desparejados.

Soy un hombre nuevo carente de certezas, hasta mi madre llegó a confesarme que cuando me dio el consejo de los calcetines no buscaba conseguir el orden en mi vida sino en mi cajón. Me sigo sin acostumbrar a salir sin saber si mis calcetines son del mismo par, pero me encanta mi nuevo espíritu intrépido. A veces, en mi nuevo delirio aventurero he llegado a salir en busca  formas romboidales. En este apasionante nuevo universo uno nunca sabe lo que se va a encontrar.

Publicado la semana 30. 26/07/2020
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