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Chris Boone

Historia de una escalera

HISTORIA DE UNA ESCALERA

 

Se desploma la tarde en el Serengueti . Apenas se atisba a oír a los lémures de cola anillada entretenidos en su función socio-higiénica de desparasitado mutuo colectivo. Como en un ejercicio hipnótico, los párpados van pesando más y más. Cada vez más y más. La paz interior se licua y va escapándose por la comisura de los labios. Siento que la felicidad está al alcance de la mano, a la escasa distancia de una siesta en una tarde de verano.

Es entonces, en ese exacto momento cuando suena una, dos y hasta quince veces el timbre en una secuencia que quiere parecerse a la melodía de” la cucaracha”, nuestra supuesta contraseña. Es él. El líder del comando de vigilancia intensiva del portal del que, muy a pesar mío y sin consultarme, formo parte. Nicomedes Alcázar. Varón.67 años. Habita el segundo centro. Complexión atlética escurrida, casi escuálida. Locuacidad de máximo nivel (unas 600 palabras / minuto por encima de lo soportable). Hábil depredador, no le fue complicado captarme para el comando dado mi talante pusilánime y mi déficit social.

A partir de la llegada de la del la familia Adjami al edificio, mi vida, ya en clara recesión en ese momento, ha pasado a ser declarada zona catastrófica. A espaldas de Hassan Adjami y su afable prole convocó en el portal una asamblea clandestina declarando el estado de lugar (que, según él, es como el estado de sitio pero queda más fino y así no se enteran los presuntos terroristas) y puso la comunidad en alerta naranja fosforescente. Dada la excepcionalidad de la situación y la escasa experiencia en terrorismo internacional del vecindario, no permitió el voto a la resolución y formó el dichoso comando erigiéndose a sí mismo como líder único e irrevocable.

Junto a él viene el joven Peláez, el tercer miembro .Se mantiene en la ESO más por insistencia materna en las ventajas de finalizar sus estudios que por ambición intelectual. A pesar de sus 37 años, su madre no ha tirado la toalla. Al fin y al cabo una madre nunca tira la toalla en lo que a finalizar estudios y comer verduras se refiere. Su padre, más pragmático le ha inscrito en 137 cursos de Lanbide sin que el muchacho haya sido capaz de completar ninguno. Anclado en la adolescencia, no tiene amigos ni aficiones conocidas más allá del estudio minucioso de la tapicería del sofá .Hasta la fecha sólo le he oído articular 2 oraciones, eso sí ,sin predicado;”¡Bua chaval!” y “sin más”. Así, el muchacho ha encontrado en Nicomedes una subespecie de Indiana Jones deconstruido, su madre ha visto en el anciano un moderno ángel de la guarda y su padre…. Su padre se conforma con no tener que ver cerca de él a esa reencarnación de Mortadelo ni a la errata genética que probablemente heredará sus bienes y casi todos sus males.

Ante mi retraso aletargado en la apertura de la puerta, Nicomedes utiliza la copia que tiene de mi llave, para emergencias, dice él. Maldigo mi falta de asertividad mientras entra gritando

-¡DEFCON 2, Suanzes, Alerta DEFCON 2! Los yihadistas han dejado una mochila en el descansillo. El atentado es inminente ¡Hay que darse prisa y desactivarla ya mismo!

-¿Por qué? –Pregunto casi lloriqueando incrédulo mientras veo la felicidad de mi siesta deslizarse entre las yemas de los dedos-

-Puede estallar de forma inmediata .Nunca se sabe.

Abro la puerta, compruebo la presencia del bulto sospechoso (me refiero a la mochila no a Peláez).

-¿La de la patrulla canina?- Inquiero curioso-.No parece muy amenazante, la verdad. Será la del pequeño de los Adjami , que se la ha dejado.

-No me sea como esos imbéciles de la comisaria que se han reído de mí ¡De mí! Después dedicar los mejores años de mi vida al periodismo de investigación.

-Hombre Nicomedes, no exagere, no creo yo que ser conserje en el edificio del periódico “crónica negra” sea ser investigador…

-Usted porque es un tiquismiquis y un ingenuo de los que aún cree que el ser humano de verdad pisó la luna. A veces creo que no tiene la altura de miras que nuestro grupo requiere. Al grano, hemos decidido Peláez y yo que sea usted, como miembro menos valioso del grupo, el que abra y desactive la mochila. Nosotros le haremos la cobertura en mi casa. Detrás de la puerta.

En busca del ansiado sueño perdido y una vez escondidos tras la puerta mis dos bravos compañeros, procedo a abrir la mochila. Tiro de la cremallera con hastío. Una terrible explosión hace temblar el edificio. Sorprendido, me toco .Compruebo que estoy de una pieza, no muy lustrosa, eso sí, pero entera. La explosión ha sido en el piso de Nicomedes. A través del boquete humeante de la puerta atisbo el rostro pálido e inmóvil como una penca de acelga hibernante de Nicomedes. El indigesto arroz con leche que olvidó en el fuego ocupado en salvar el portal del inminente atentado, ha hecho saltar la olla en mil pedazos. Las llamas de la deflagración parecen resbalar por su escurrida anatomía. Recuerdo los consejos de Nicomedes acerca de la conveniencia de tener un pijama ignífugo. Es increíble cómo e el poderoso azar acaba por favorecer a los idiotas, salvándoles la vida en casos cotidianos o llevándoles incluso a presidir gobiernos en casos más extremos. Peláez, por contra, resulta ser sorprendentemente inflamable. En pocos segundos el joven aventurero ha tornado en una falla humana, ardiente por fuera y vacía por dentro.

Hassan, a la sazón presunto terrorista vecinal, salta de su balcón al de Nicomedes con una agilidad inasequible para nosotros y arroja una manta sobre el incandescente joven que acaba por sofocar el incendio Peláez que, aliviado, suelta un emocionadísimo ¡ Buah chaval!

Hassan Abronca a Nicomedes por su falta de cuidado y de reacción y sale farfullando mientras recoge la mochila

- ¡Vaya panda de frikis! ¡Los vecinos más tontos de todo el barrio, los míos ¡

Un silencio cubre por un instante nuestra vergüenza, la de Peláez y la mía ya que Nicomedes parece carecer de ella e interrumpe nuestro momento de constricción.

-¿Ha visto que modales? ¡Cuánto odio hacia nosotros acumulan! Ahora que le ha visto saltar entre balcones no le quedarán dudas de que está curtido en el arte de la guerrilla urbana.- Sentencia Nicomedes

-No es odio, es desprecio... ¡Y no me extraña! Además no se equivoque, trabaja en una subcontrata de mantenimiento. Eso sí que curte.

-No le haga caso Pelaez, está nervioso.

-¡Déjeme en paz de una vez! –Gruño-.En un acto de valentía casi heroico para alguien como yo, doy un portazo...Paladeo mi desplante y el silencio hasta que en unos minutos vuelve a sonar la puerta y vuelve a abrir sin llamar.

-Voy a olvidar su indisciplina...Por esta vez. Aquí le dejo a Peláez. Su padre no quiere hacerse cargo de su convalecencia y su madre está de retiro espiritual. Como héroe de guerra que es, he decidido declararle refugiado político en su humilde morada. No se vale por sí mismo. Somos un equipo, no lo olvide, Suanzes. Además está claro que es el objetivo de esos terroristas. Voy a ver si se puede aprovechar algo del arroz. No se olviden A las 22,15 nos reuniremos en la garita del conserje. Con esta gente aquí no podemos bajar la guardia.

Peláez permanece inmóvil en la esquina del salón...Con la luz que aún desprende, es una especie de mezcla de lámpara de lava y barra de incienso con olor a barbacoa. Por momentos parece el compañero ideal ya que alivia mi soledad sin enturbiar mi sosiego. Antes de que se me pasen mis últimos atisbos de mi arranque de determinación llamo a un cerrajero y encargo que me cambien el bombín de la cerradura.

Para cuando llego al sofá ya es invierno en el ártico... Acompaso los movimientos del oso polar camino de la hibernación.... Me contagio de esa paz y ese silencio .Puedo palpar la placidez de una de existencia gris y rutinaria como era la mía antes de que un racista paranoico se empadronara en ella. Definitivamente un mundo sin Nicomedes es un lugar más feliz, o cuanto menos más habitable. Vislumbro un futuro de tolerancia y siestas ininterrumpidas a la luz de Pelaez. Sonrío. Este puede ser el principio de una bella amistad.

Publicado la semana 3. 13/01/2020
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